La noche que no acaba


| REPORTAJE |

Muchas personas encuentran tremendas dificultades a la hora  de conciliar y mantener el sueño, una de las funciones  biológicas básicas del ser humano. El insomnio es diagnosticado cuando esto ocurre durante al menos un mes, o cuando a lo largo de un periodo de tiempo similar uno tiene la sensación de no llegar a descansar realmente. La rutina diaria parece convertirse en una pendiente que no somos capaces de recorrer y la concentración y ánimo se ven afectados interfiriendo en nuestra vida social y profesional. El día a día se convierte en un desear que llegue la noche, pero cuando llega, nos vemos cara a cara con el problema.

Aunque tenemos pocos datos de la incidencia real de insomnio en la población general, debido a que muchas personas no llevan el problema a consulta, se cree que cerca de un 50% de adultos registra al año algún episodio.

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Los factores que hacen que una persona que se siente cansada se meta en la cama y vea pasar las horas en el reloj sin quedarse dormida son muy diversos

El problema puede estar siendo provocado por factores psicológicos u orgánicos, así como conductas o ambientes perjudiciales o consumo de sustancias. Lo que es claro es que para poder rendir adecuadamente y estar sanos necesitamos descansar unas siete horas al día, pues las funciones del sueño son irremplazables.

El uso de benzodiacepinas, tan recurrente y extendido hoy día para la solución de éste y otros trastornos, lleva consigo unos efectos secundarios que hacen de ellas un arma de doble filo. El efecto sedante e hipnótico provoca un sueño que poco tiene que ver con el normal, y cuando se suspende su uso, el  síndrome de abstinencia es tan intenso que muchas personas terminan dependiendo literalmente de ellas para funcionar, como ocurre con otras drogas no legales. Entre los efectos adversos de su uso continuado están alteraciones en los tiempos de reacción, coordinación, velocidad motora y capacidad mental.

La calidad y cantidad de nuestro sueño está íntimamente relacionado con lo que hacemos durante el día. Así, unos hábitos de vida saludable y una apropiada previsión y organización a lo largo de la jornada  facilitarán las cosas por la noche. Existen una serie de pautas que nos ayudarán a mantener una correcta higiene del sueño y a tener bajo control los factores que favorecen el insomnio:

  • Acondicionar nuestra habitación de forma que nos resulte agradable, evitando los colores estridentes, controlando los ruidos y manteniendo una temperatura suave.
  • Evitar realizar en la cama actividades que normalmente realizamos en vigilia, como comer, estudiar, ver la televisión, hablar por teléfono, etc.
  • Adquirir unos hábitos sanos para los momentos inmediatamente anteriores al sueño: no tomar comidas pesadas ni bebidas estimulantes y no realizar ejercicio físico intenso.
  • Mantener, en la medida de lo posible, un horario estable para acostarnos y para despertarnos.
  • Meternos en la cama sólo cuando vayamos a dormir, evitando las siestas, y levantarnos y salir de la habitación si no conseguimos conciliar el sueño.

En caso de que nosotros mismos no seamos capaces de atajar el problema, la terapia psicológica aplicada por un profesional ahondará en los porqués y nos dará las claves para dejar de contar ovejitas de una vez por todas.

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Categorías:Salud

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