Sólo tenéis que miraros al espejo


| OPINIÓN |

“Hay, claro está, personas que no quieren que hablemos, sospecho que, en este momento, estarán dando órdenes por teléfono y que hombres armados ya vienen de camino. Porque mientras pueda utilizarse la fuerza… ¿Para qué el diálogo? Sin embargo las palabras siempre conservarán su poder, las palabras hacen posible que algo tome significado y, si se escuchan, enuncian la verdad. Y la verdad es que en este país algo va muy mal… ¿no?”

Yo me pregunto qué es lo que nos ha traído a esta posición, qué alineación planetaria o qué cruda casualidad ha sido la que nos ha llevado hasta el punto en el que nos encontramos. Y, como siempre que uno se formula preguntas profundas de este tipo, no encuentro respuesta alguna.

Hace más de 400 años, Guy Fawkes, conspirador católico inglés, fue una de las cabezas pensantes de “La Conspiración de la pólvora”, un plan fallido que tenía como objetivo derribar al rey Jacobo I haciendo explotar el Parlamento. Todo esto ocurrió el día 5 de noviembre de 1605, “Un día que, lamentablemente, ya nadie recuerda”.

V de Vendetta.

Decía el protagonista de V de Vendetta que igualdad, justicia y libertad son algo más que palabras; son metas alcanzables. Y yo me cuestiono si esa frase es sólo un cúmulo de palabras, o es una meta alcanzable. Hace unos meses rescaté de la memoria a V de Vendetta, una de esas películas que cada vez que la ves te aporta un nuevo mensaje, florece algún detalle que se quedó en el tintero, algún matiz que en su momento pasó desapercibido. Cuál fue mi sorpresa, cuando caí en la cuenta de que a medida que avanzaban los minutos sentía una imperante necesidad de escribir sobre aquello que estaba viendo.

En un futuro imaginario, Inglaterra es gobernada por un régimen dictatorial ultraconservador y fascista encabezado por Adam Sutler. “Os prometió orden, os prometió paz, y todo cuanto os pidió a cambio fue vuestra silenciosa y obediente sumisión”. Un extraño hombre enmascarado que se hace llamar “V”, en busca de venganza y con el objetivo de rememorar a aquel hombre que en 1606 quiso destruir el Parlamento de Londres, idea un plan para sembrar el caos en la ciudad y hacer que el pueblo se una a él para destruir el Parlamento el día 5 de Noviembre.

Cuando terminé de ver la película, los paralelismos que encontré entre aquella ficción y nuestra realidad me resultaron abrumadores. Tanto fue, que por un momento por mi cabeza se cruzó algún que otro pensamiento en el que imaginaba qué pasaría si un hombre enmascarado sembrara el caos en nuestro país en busca de anarquía, justicia y orden. Después recordé que soy una soñadora, y es que los sueños son el alimento favorito del cerebro.
La película basada en el libro homónimo de Alan Moore, hace constantes referencias a la libertad. A ese ansia de libertad para el pueblo alienado y mutilado por sus dirigentes. No se trata de ningún disparate. ¿Acaso nuestro pueblo no se encuentra en la misma situación? Nos estamos moviendo en un terreno de “libertad condicional”, estamos pisando charcos, y estamos de barro hasta las orejas. Qué bonito es el concepto de ser libre, pero qué relativo es. Me gusta pensar que ser libre no significa tener la libertad de mirar a otro lado cuando el temporal viene de frente y nos golpea en la cara. “Hay, claro está, personas que no quieren que hablemos”. 

poderCambiamos el canal de nuestra televisión si no nos gusta lo que vemos. O la apagamos directamente, porque lo mejor de la televisión es cuando se apaga. Pero el problema persiste. Y, a pesar de que el ser humano es cobarde y cómodo a partes iguales (Las críticas desde el sofá son realmente apetecibles, y hacerlo nos convierte en cómplices), hay muchas voces que aclaman cambio, voces, que a algunos no les interesa escuchar.  “Antes teníais libertad para objetar, para pensar y decir lo que pensábais. Ahora tenéis censores y sistemas de vigilancia que os coartan para que os conforméis y os convirtáis en sumisos”.
¿Cómo ha podido ocurrir?
Sentémonos y reflexionemos. Muchas veces la realidad es mucho más ficción que la propia ficción, ¿No creéis? Seguramente, como a mí, a ti no te gusta la película que estás protagonizando, pero, seamos realistas, nosotros tampoco somos los buenos de la película… ¿Estamos haciendo lo suficiente? ¿Quién es el responsable? “Ciertamente, unos son más responsables que otros y tendrán que rendir cuentas pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, sólo tenéis que miraros al espejo”.

 

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