La excelencia prematura


Busquets controla un balón durante un partido | FOTO: Getty

Busquets controla el balón durante un partido | FOTO: Getty

La palabra “fútbol” a unos les trae un significado; a otros otro. Más allá del gusto o disgusto por este deporte, los que verdaderamente lo entienden, ya no como valor sentimental, sino como juego propiamente dicho, en la práctica, atinan a apuntar varias definiciones para formar entre todas ellas un significado conjunto.

Del “fútbol clásico” hemos pasado al “fútbol moderno”, de la defensa y el contraataque siguen quedando muestras en el presente, pero ahora los halagos se ganan con el toque, con la posesión del balón. Algunos siguen amparándose en el azar de las individualidades, mientras que una gran mayoría apuesta por el colectivo. Sigue habiendo muchos que piensan que cederle el cuero al rival y mantener tu defensa ordenada garantiza victorias; hay otros que siempre han pensado que la mejor defensa reside en un buen ataque, que sólo teniendo el balón te aseguras la posibilidad de engaño. Porque el fútbol, según Menotti, se basa en tres aspectos: espacio, tiempo y engaño. Y si lo dice Menotti, habrá que tenerlo en cuenta. Al fin y al cabo, de forma tal vez indirecta, forma parte de la evolución de nuestro protagonista.

Y es que Sergio Busquets nunca fue considerado uno de los grandes talentos de la Masía. Es más, siendo niño ni siquiera superó las pruebas de ingreso al Barcelona y tuvo que esperar a ser juvenil para recibir la llamada del conjunto azulgrana, en 2005. Hasta ese momento defendía los colores del Badía, el equipo de su corazón. Tuvo tiempo para desarrollarse. Nació, creció y se reprodujo como futbolista; ya ha mostrado gran parte de su haber. Pero incluso antes de nacer, encontramos –podríamos llamarlo así- las semillas del Busquets que degustamos en la actualidad.

‘MADE IN BARÇA’

Con la llegada de César Luis Menotti al banquillo del Camp Nou en la temporada 83-84, la crítica nacional pudo ver de cerca la representación del llamado “fútbol moderno”, espectáculo a ojos del aficionado. Quien hubiera llevado a Argentina a la conquista de su primer Mundial, en 1978, llegaría a España como adalid del buen fútbol; del fútbol bonito. Escuchemos a la pelota, hagamos que corra, bailemos al son del toque. Hay espacios y tiempo de sobra, sólo ocupando los primeros habrá lugar al engaño, pues no hay que precipitarse con cabezonerías; no importa el número de toques, todo llega. Algo así venía a decir el discurso de El Flaco, donde todo protagonismo partía del balón y del colectivo, repartido a partes iguales.

No obstante, Menotti llegó a la ciudad condal conociendo ya el legado que había dejado Rinus Michels. El holandés, otro de los más grandes de la profesión, fue, durante siete años (1971-1978) el encargado de discutir la superioridad del Madrid de los Yé-yé. Su recuerdo no se debe tanto a los títulos [1 Liga (1974) y una Copa del Rey (1978)], como sí a las primeras muestras del fútbol solidario como grupo, del trabajo arriba y abajo, del atractivo que le conferían estrellas de la talla de Johan Cruyff, fichado en 1973. También con Cruyff a sus órdenes, en 1974, lograría maravillar al mundo desde el puesto de seleccionador. Aquella Holanda, más bien conocida como la Naranja Mecánica, fue catalogada como la mejor selección no campeona del mundo [perdería la final ante Alemania Federal (1-2)]. Por el camino, sobre el tapiz, quedaba impregnado el estilo que leemos líneas arriba.

Más adelante y coincidiendo con el año en el que Busquets llegaba a este mundo, Cruyff, siguiendo la estela que Michels había marcado como técnico, tomaba los mandos del Barcelona. Corría el año 1988 y en el Barça ya era una realidad ese “juego de padrinos”. De Rinus se había pasado a Johan, la sucesión de roles “entrenador/valedor-jugador-entrenador/valedor-jugador” seguía su curso. Tiempo para el vínculo Cruyff-Guardiola.

Dos etapas diferentes; entrenador/valedor-jugador: Michels-Cruyff; Cruyff-Guardiola

Dos etapas diferentes. “Entrenador/valedor-jugador”: Rinus Michels-Johan Cruyff; Johan Cruyff-Pep Guardiola

A raíz del famoso Motín del Hesperia, que supuso el despido de 14 jugadores, el entonces cuestionado Josep Lluís Núñez se agarró al tulipán más espléndido para reconducir el rumbo de un Barcelona a la deriva. Y éste, como ya se sabe, tendría en el balón a su mejor aliado para devolver al equipo a la senda del triunfo. En el balón y en la fácil comprensión de los Koeman, Laudrup, Stoichkov, Romario y compañía: el llamado Dream Team, incompleto hasta la irrupción de aquel “flaquito”, líder del Juvenil B por aquella época; principal germen de la bonanza blaugrana (pura, de formación) en términos futbolísticos.

Porque el Barcelona actual no se entiende hasta que Cruyff llega y establece sus bases, ya desde el banquillo: “En el fútbol sólo hay un arma para atacar: el balón. Por lo tanto, si lo tienes tú, no pueden atacarte. Es así que, la posesión, además de darte el arma, te defiende. Lo bueno de este juego es que caben todos, los bajos, los altos, los gorditos o los delgados. Me preguntaban: “Si jugamos con muchos bajos, ¿qué haremos en los córners?” -“Pues evitemos los córners”. “¿Y si jugamos con tres defensas y nos roban el balón?” -“Pues que no nos lo roben en el centro del campo”, contestaba. Sé que mucha gente se ríe de los rondos, pero el rondo es la base del fútbol: velocidad, toque, espacios cortos…[Extracto del libro ‘Palabra de entrenador’, de Orfeo Suárez].

También Cruyff fue el que decidió mantener bien abiertos los oídos ante sugerencias para, más tarde, alargar la vista y ejecutar. ¿A qué nos referimos con esto? Él mismo lo cuenta [Aprovecho otro extracto del libro anterior]: “Todavía recuerdo cuando me dijeron, al llegar a Barcelona, que había un chico en la cantera de lo mejor técnicamente. ¿Por qué no estaba en el filial o en el Juvenil A? Lo encontré en el segundo juvenil. La excusa era la de siempre: que era débil físicamente. Pedí que lo subieran al filial y que lo colocaran en una posición de mayor exigencia. Al sentirse valorado, dio un salto. Si a los chicos de la cantera no les creas la expectativa, los matas. Los menos fuertes, además, han desarrollado una inteligencia especial, una habilidad para buscar alternativas, porque si no lo haces y chocas, estás perdido. Aprendes en base a tu propio cuerpo”. Hablaba de Guardiola, a posteriori, su extensión sobre el césped. Y con el tiempo, la representación evidente de que el fútbol es más fácil de lo que parece. Hace falta personalidad, inteligencia, capacidad de adaptación y, por supuesto, haber nacido con el don. Pep tuvo esa suerte –y la sigue teniendo como entrenador-. Busi se le parece tanto…

SI NO TIENES PADRINO, NO TE BAUTIZAS

Movido por la inquietud distintiva del apasionado, Guardiola siempre mostró una línea constante en su ser más balompédico, que hoy, como técnico, descubre su plenitud. Para muchos en una decisión precipitada por parte de la gestión de Joan Laporta, el nombramiento de Pep como sucesor de Rijkaard en el banco azulgrana sirvió para darle aire fresco a un equipo que ansiaba renovación. Su carta de presentación: un pasado idílico en las filas del club y el consumado ascenso a 2ªB con el filial. Sin temor alguno, con las ideas claras, apartó del equipo a Ronaldinho y Deco, las cabezas visibles del desaguisado en que andaba metido el vestuario.

Pep entiende la base del juego desde Busquets | FOTO: Fox Deportes

Pep entiende la base del juego desde Busquets | FOTO: Fox Deportes

Al tiempo, premiaba subiendo a dos de los hombres que le habían ayudado a dar ese salto profesional. “Pedrito” y Sergio, dos desconocidos llegados de la Tercera división, iban a ser de la partida en los primeros partidos de aquella temporada 2008-09. Servirían ellos, los novatos, para contrarrestar las dudas -normales de todo comienzo de aventura- que despertaba el proyecto del técnico de Santpedor. La fe ciega en aquel planteamiento dejaba entrever a un equipo paciente por obligación: esto no había hecho más que comenzar. Por el otro, la ilusión, el jugar cada partido como si fuera el primero y el último. Y además, la satisfacción del buen hacer de aquellos jóvenes llamados a liderar algún día, quién sabe, a un Barça ganador. Poco necesitarían para hacerse un hueco en el once; Pep les había creado la expectativa que decía Cruyff y ellos habían respondido, se habían crecido.

Llegados a tal punto, convendría dejar atrás toda esa cronología explicativa. Busquets es hoy ya, a sus 24 años, el mejor del mundo en su posición. Con el tiempo, no sólo ha sido capaz de almacenar imágenes de la idea de fútbol que se pretendía en Can Barça, también ha sabido adaptarse a los consejos y enseñanzas que le llegaron desde el banquillo. El chico tiene el don.

En cambio, su andadura en el primer equipo vino acompañada de los dimes y diretes que surgían de su parentesco con Carlos Busquets, antes portero del Barcelona. La experiencia del meta, su padre, protagonista por sus excentricidades e inseguridad bajo los palos, no ayudaba en absoluto a Sergio. Mediante el prejuicio, promovido por la falta de conocimiento acerca del jugador, el aficionado se mostraba reacio a regalarle su confianza a aquel chico de fisonomía espigada (1,89 m. y 73 kgs.) y aparente torpeza en sus andares. No inspiraba seguridad, y si encima le unes las posibles reminiscencias con respecto a su padre, apaga y vámonos. Se entiende ahora por qué Busquets luce “Sergio” o “Sergio B.” en el dorso de su camiseta: La “B” habla tanto de su padre como de su madre: Sergio Busquets Burgos.

XAVI HEREDÓ DE PEP; BUSQUETS HEREDA DE LOS DOS

‘Si ellos no me dan su confianza, tendré que ganármela yo’, bien podría ser el pensamiento de Busi ante la situación que se le presentaba. Al menos contaba con el respaldo del entrenador, su principal valedor, el mismo que decidió arriesgar, a sabiendas de que, con el tiempo, resultaría ganador. Ambos están dotados de esa personalidad que les hace buscar el reto en lugar de esconderse. Y así han triunfado, el uno y el otro. Ahora nadie duda del chaval que empezó sustituyendo e intercambiando su posición con Xavi, Keita y, en última instancia, Yaya Touré.

Porque Busquets no siempre fue el jugador con el que convivimos en la actualidad. Su etapa entre los grandes la inició desde la posición de interior: por delante de un pivote, en este caso, Touré; esa era su zona de actuación. Comenzábamos a ser testigos del registro de cualidades del de Ciutat Badía: saber colocarse y saber dónde están colocados sus compañeros facilitaba su juego al primer toque; ya demostraba ser especial. Por el otro lado, habiendo pillado la intención del Pep, su misión –como interior- era la de ayudar en la presión en campo contrario: Busi en estado puro. Tirando de esa facultad posicional, el Pulpo –como le llamaban en el Badía- no tenía más que adivinar las posibilidades de pase del rival y anticiparse alargando sus tentáculos para robar.

Busquets corta un balón en un partido ante la Real Sociedad | FOTO: Diario Deportivo Diez

Busquets corta un balón en un partido ante la Real Sociedad | FOTO: Diario Deportivo Diez

Fueron esos los detalles que nos permitieron ver cada vez con más frecuencia el intercambio de posición, hasta dar con un titular y un suplente, entre Busquets y Touré. El marfileño estaba incómodo como eje, era una posición demasiado retrasada para él, a pesar de dejar un repertorio muy personal de arrancadas con balón controlado. Se pisaba con Xavi, algo que ya había advertido Guardiola. Las desavenencias entre éste y el africano terminaron por dar con el traspaso del segundo al City. Touré disfrutaba en el Barça, pero en el Barça veían al noi de la casa hacerse mayor y eso ya no aceptaba réplica. Había sido parte importante de la mejor temporada de la historia azulgrana.

Dueño y señor de la zona ancha, la maduración de conceptos llegaría, no sin antes apreciar fallos que costaron goles a su equipo y despertaron a aquellos críticos que parecían silenciados. El exceso de confianza al recibir balones de espaldas a sus compañeros de mediocampo o la desconfianza a ganar otros tantos balones yendo al choque formaban parte de su desarrollo en esa nueva posición.

Mientras tanto, Xavi era feliz con Busi “haciéndole sombra”. El cerebro de este Barcelona había encontrado la seguridad necesaria para desplegar su fútbol sin miedo a que una pérdida ocasionara males mayores. Flotándole a su alrededor, Busquets, que todavía no era el faro que luce en estos momentos, sabía cuándo su compañero necesitaba un apoyo o cuándo iba a tener que emplearse a fondo para enmendar esa posible pérdida de balón. La táctica siempre había estado en su cabeza, los detalles técnicos confirmaban la esencia y el instinto de “barrendero” sólo podía ir a más, avanzara o retrasara su posición en el campo. Su solidaridad era evidente: Xavi no era el único que demandaba sus apoyos; Busi estaba abierto a cualquier solicitud, no sólo se ofrecía para dar ese apoyo de cara, también bajaba a su propio área para sacar la pelota jugada desde la zaga. Así le empezaríamos a ver incrustado entre los dos centrales, que acusaban la presión de extremos y/o delanteros rivales. Movimientos que en algún momento dejaron de ser “de urgencia”, ya que servirían para entender el recurso de Busquets como central. Parecen méritos suficientes para entender su convocatoria al Mundial de 2010.

Con 21 años, se habría convertido a la postre en el mediocentro más joven en conquistar los títulos más distinguidos (Champions y Mundial). Y le quedaba por levantar la última Eurocopa. Para entonces, el distinguido sería él. Pues resulta que, aquella llamada de Del Bosque para que viajara a Sudáfrica avivó las famosas críticas sobre Busquets por juventud, inexperiencia, falta de protagonismo y fallos. Es más, se duplicaron tras el complicado debut frente a Suiza (0-1) con un gol que vino precedido de un error del medio azulgrana al intentar despejar el balón. Bastó con el capotazo del seleccionador para devolver a Busi al lugar que le correspondía: “Si fuera jugador me gustaría parecerme a Busquets”. No lo digo yo, lo dijo don Vicente.

FC Barcelona v Levante UD - La Liga

Busquets ha dado un paso al frente en la elaboración del juego azulgrana | FOTO: Football Australia

PRESENTE Y FUTURO: PRODUCTO DE LA EVOLUCIÓN

Con el paso de los años y la carga de partidos, la necesidad de renovación es contundente. El Barça, primero con Pep, más tarde con Tito y ahora con el ‘Tata’, apeló a las variantes como fórmula para continuar compitiendo en lo más alto. El objeto principal de esa necesidad era Xavi, en fase “decadente” (por edad-físico). Lo cual obtuvo como resultado el esquema actual. El faro que decíamos, goza de toda la energía que le han ido trasladando esos técnicos. Sigue siendo el mismo en labores defensivas, replegando, dando equilibrio y robando. Eso lo lleva de serie, pero ahora también se vale por sí mismo para mover al equipo según su compás: baja a sacar la pelota, avanza conduciendo si puede, si no toca en corto, siempre estando en un apoyo cercano. Cuenta con cinco hombres por delante: Xavi-Iniesta/CescMessi por medio, Neymar-Pedro/Alexis por fuera, circunstancia que posibilita, a su vez, la concentración de esos cinco por medio, dando lugar al desdoble de los laterales: Alba/Adriano y Alves/Montoya. Busquets ha pasado de romper la línea de presión rival filtrando pases interiores para adoptar un envío en largo que goza de la misma precisión y eficacia.

Alcanzado el clímax como futbolista, cuesta admitir la perfección en un chico de tan sólo 24 años. Los cinco siguientes los pasará barriendo, jugando y haciendo jugar al Barça (firmó su renovación el pasado mes de Agosto). El relevo generacional parte de la misma filosofía que impuso Pep, su “padrino”, pero ahora le tiene a él como cerebro. Él prefiere ser invisible, según dice, su “yo futbolístico” se asemeja a su “yo personal”: “No hago un juego muy vistoso, es un trabajo que pasa desapercibido. Intento hacer las cosas fáciles, sencillas, ayudo, robo y doy rápido. Juego para los demás porque es mi obligación”. Empezaba este texto hablando de fútbol y en Busquets encuentro el mejor apoyo para concluir. Toco y me voy.

formacion barça movimientos y pases Busquets

‘Así juega Busquets’. Movimientos y pases.

Por: Alber Gaitán

Sígueme en Twitter: @albeR_gaitan

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Categorías:Fútbol

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