Bruno Soriano pide sitio


Bruno Soriano dando órdenes | FOTO: EFE

Bruno Soriano dando órdenes | FOTO: EFE

| ANÁLISIS | Todos, alguna vez en la vida, tratamos de buscar sombra cuando más aprieta el Sol. Da igual que sea verano o invierno, que haga frío o calor. Nos sentimos mejor al otro lado de la acera, donde la luz que desprende el astro rey no golpea nuestras córneas con la dureza necesaria como para tener que cerrar los ojos. Allí donde estamos a salvo.

El fútbol también se mide en esas lides. No todo es sol y samba. No existen sólo las rabonas, los golazos, las chilenas, los cabezazos. Hay algo más allá de Leo Messi, Cristiano Ronaldo o David Villa. En el mismo terreno de juego, y sin armar tanto revuelo, está la sombra. No se siente. No se palpa. No es visible para nuestros ojos, pero existe.

Hablamos de Gabi en el Atlético de Madrid, de Khedira en la antítesis de la capital, de Sergio Busquets en Barcelona. Nos referimos, por supuesto, a Bruno Soriano, que además de silencioso, es invisible para Vicente del Bosque.

No se le caen los anillos, y así lo afirma él mismo, por jugar en el equipo de su vida. No miente. Desde que debutase en 2004 con el filial castellonense, no ha vestido otro color que no haya sido el amarillo. ¿Cómo es posible que con un color tan chillón sea invisible para los ojos del espectador? Ahí reside su fuerte.

Debutó en el año 2006 a la sombra de un estelar Marcos Senna, que acabó siendo el ejemplo perfecto y el jugador y compañero a seguir para mejorar cada temporada.

Siete años después, el futbolista castellonense ha jugado 246 partidos con el Villarreal (en primera y segunda división) y ha marcado ocho goles. Una faceta en la que no se prodiga demasiado. Eso se lo deja al resto. Él barre.

A este futbolista de 29 años nacido en Artana, Castellón, le voy a llamar ‘el asterisco’. Un jugador capaz de recorrerse cualquier rincón del campo para favorecer el juego colectivo sacrificando el ego personal por el grupo. El director de orquesta a la hora de presionar y de salir al contragolpe.

Su colocación sobre el terreno de juego, permite al Villarreal estar más adelantado, propiciando así robos de balón más cercanos al área rival y, por ende, la creación de mayor peligro y mejores oportunidades de gol.

Pero cuidado. Como pasa con Sergio Busquets, no todo es cuestión de presión y anticipación. El fútbol en sus botas, no pasa precisamente de forma testimonial. La toca. Y lo hace realmente bien. Su escuela, la cantera amarilla, invita a pensar así.

Colocación de Bruno. El asterisco.

Colocación de Bruno. El asterisco.

No será el mejor futbolista que se haya podido ver sobre el césped de algún estadio en concreto, pero sí cumple una de las funciones por las que se creó este deporte: dársela a un compañero que vista igual que tú. Eso, Bruno lo hace maravillosamente bien, y tiene ante sí un amplio repertorio.

Puede, desde dar un pase de un metro a su compañero en el centro del campo Trigueros, hasta a realizar un pase de treinta metros a un desmarque de Giovanni Dos Santos. Darle la pausa a un partido que coge tintes de aceleración o imprimir mayor movilidad con un pase entre líneas que desarbole a la defensa contraria. Sin agobios y siempre de forma elegante.

Tirando de más metáforas que propicia la figura de un jugador de su talla, vamos a compararle con un cazador. Esa clase de futbolista que no deja un balón muerto en manos del azar y, mucho menos, del enemigo. El comodín que utilizan sus compañeros cuando la salida de balón se tiñe de color negro.

Su cabeza, lejos de tenerla para despejar, le permite ir por delante esa décima de segundo necesaria para anticiparse a un pase medido, al movimiento de un rival o al bote de un balón. Soriano, por arte de magia, te privará de entrar a la sala de tres cuartos de campo. Da igual como te pongas. Tengas entrada o hayas reservado sitio vip. Con él en la puerta, tú no pasarás.

Pese a ser ese futbolista al quite, al roce, al cuerpo, jamás ha sido expulsado. Dato revelador de la nobleza, además de categoría, que atesora un jugador así.

Nadie sabe si por falta de un número de contacto, por falta de memoria o simplemente por no entrar en sus planes, Vicente del Bosque no le ha llamado para la selección española. Él, mientras tanto seguirá insistiendo en llamar a una puerta que, por el momento, no le toca vigilar. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio. Y ya sabemos que Bruno Soriano el sitio nunca lo pierde.

Por Imanol Echegaray García.

Sígueme en Twitter: @ima_etxega

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Categorías:Fútbol

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