Doce años de espera; espléndido porvenir


| ANÁLISIS |

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Los belgas reman en la misma dirección desde la llegada de Marc Wilmots al banquillo | FOTO: Daily Record

Casi cumpliéndose la fecha exacta, el duodécimo aniversario, una espera demasiado larga para un país que, hoy sí, puede presumir de haber encontrado sus señas; su fútbol. Casi cumpliéndose doce años desde aquel 14 de Junio de 2002, fecha en la que Marc Wilmots anotaba en el Mundial de Corea y Japón el último tanto de Bélgica en un campeonato internacional. Su gol, por aquel entonces, serviría para derrotar a Rusia (3-2) en la lucha por el pase a los octavos de final, donde la ‘canarinha’ de Rivaldo, Ronaldo (autores de los goles) y compañía, a la postre campeona, acabaría con cualquier aspiración del combinado belga (2-0). Casi cumpliéndose con exactitud tal cronología, el 12 de Junio del próximo 2014 echará a rodar el Mundial de Brasil. Y allí estará Wilmots, vestido de largo para la ocasión, liderando desde el banquillo a la Bélgica actual.

Habían pasado tres Eurocopas y dos Mundiales sin su presencia hasta que, la pasada semana, por fin, pudiéramos constatar lo que venía siendo un anticipo ilusionante en términos futbolísticos. Contado el varapalo que supuso quedarse fuera de la Eurocopa de Polonia y Ucrania (2012) en la última jornada de la fase de clasificación, la mejor generación que se le recuerda a Bélgica derrotaba a Croacia (2-1) en un duelo directo que les aseguraba su retorno a la gran cita internacional. Ya tienen su billete a Brasil, territorio “comanche”, por así decirlo: allí se fraguó lo que, hasta hoy, ha sido el sentir de un fracaso habitual. A ritmo de samba, los belgas bien podían estar cantando aquello del Pasado pisado.

Tuits de Marc Wilmots y Vincent Kompany tras lograr la clasificación al Mundial | FOTO: Twitter

Wilmots y Kompany celebraron en Twitter la clasificación al Mundial | FOTO: Twitter

AÑO 2007: EL ORIGEN

Todavía con el recuerdo de lo que pudo ser y no fue. Haber aguantado casi 70 minutos a la mejor selección brasileña reciente podría seguir valiendo como consuelo, pero la actualidad obliga a colocar las miras a otro nivel. En la memoria quedan hazañas anteriores; aquella Bélgica de Jan Ceulemans –jugador con más internacionalidades (96)-, Enzo Scifo o Eric Gerets, coetáneos en la época dorada de los Diablos Rojos: ellos participaron del subcampeonato europeo en Italia 1980, donde caerían en la final ante Alemania Federal (2-1), así como del cuarto puesto en México 1986. Con sendos dobletes, primero ante Inglaterra con la famosa “Mano de Dios” (2-1) y después ante Bélgica (2-0), Maradona apuntaba a Argentina a la final. El 3-2 frente a la poderosísima Alemania Federal terminaría por encumbrar al Pelusa, sacado a hombros del Azteca. Son, como digo, recuerdos. Recuerdos que ahora pierden peso cuando hablamos del porvenir de la ‘era Hazard’. Pero antes, vayamos al origen de esta ilusión presente.

El año 2007 tendría a Bélgica como territorio de acogida del Europeo sub-17. Por España, la representación llegaba de parte de los Bojan Krkic, Fran Mérida, Ignacio Camacho o David de Gea, entre otros. Del lado de Bélgica, emergía en el torneo la figura de un mediapunta liviano y habilidoso, de nombre Eden Hazard. Él enlazaba y Christian Benteke remataba. Hoy ambos jugadores forman parte del esquema habitual de Wilmots. Por aquel entonces, sólo la actuación de David de Gea pudo cortar, en cierto modo, una progresión, la suya, sin visos de estancamiento. Aquella semifinal entre belgas y españoles hubo de decidirse desde los once metros: Hazard y Bojan habían marcado antes para sellar el 1-1 con el que se cerraba la prórroga. Dos penaltis detenidos por el meta español –el quinto y el séptimo- completaban una remontada que metía a España en la final, la cual ganaría días más tarde ante Inglaterra (1-0).

Lukaku, con un doblete, fue el artífice de la clasificación de Bélgica para Brasil 2014 | FOTO: Boston Herald

Lukaku, con un doblete, fue el artífice de la clasificación de Bélgica para Brasil 2014 | FOTO: Boston Herald

Aquel verano –seguimos en 2007-, la sub-21 haría lo propio en el Europeo de Holanda. También alcanzaría la semifinal una selección que contaba con hombres como Marouane Fellaini, Kevin Mirallas, Axel Witsel, Jan Vertonghen, Thomas Vermaelen o Sebastién Pocognoli, la mayoría de ellos titulares indiscutibles hoy día en la absoluta. En aquel campeonato se toparían con la Serbia (2-0) de Kolarov, Ivanovic o el portero Damir Kahriman, nombrado Mejor Jugador del torneo.

No obstante, el objetivo -clasificarse para los Juegos Olímpicos de Pekín (2008)- ya se había logrado. Y allí, en China, de nuevo a vueltas con las semifinales: su alto en el camino. Aunque antes, eso sí, aquella selección olímpica, con Vincent Kompany a la cabeza, se había cargado a Italia (3-2) gracias a un doblete de Moussa Dembélé –nueva y genial incorporación tras el Europeo de 2007-. Era evidente que Bélgica estaba tomando forma desde la más inferior de sus categorías; tan sólo bastaba con imaginar el resultado de una conjunción de generaciones que años más tarde vería la luz.

WILMOTS: LLEGAR Y BESAR EL SANTO

Así las cosas, y al contrario de lo que demostraba esa línea ascendente en el proceso de formación, lo que debería encontrar confirmación en la selección absoluta, no hacía más que generar dudas y desconfianza ante la tan esperada mejoría. Las críticas atañían, por un lado, a la situación política del país, que contemplaba el enfrentamiento entre valones y flamencos; por el otro, se contaban hasta cinco seleccionadores desde la eliminación en Corea y Japón, todos ellos, sin éxito en el cargo. Y por último, los había que veían el problema en el vestuario: un grupo que no alcanzaba el significado de la palabra propiamente dicha. El resto se veía sobre el césped: había individuos, pero faltaba el colectivo.

De las etapas de Dick Advocaat (2009-2010) y Georges Leekens (2010-2012) como seleccionadores, emergió de su cuerpo técnico la figura de Marc Wilmots en calidad de asistente. Aquel que poseyera la etiqueta de máximo goleador histórico de Bélgica en los Mundiales llevaba retirado de los terrenos de juego desde 2003 y, contando su debut –breve, de apenas un año (2004-2005)- como técnico en el modesto Sint-Truidense belga, las circunstancias le iban a dar la oportunidad de relevar en su puesto a Leekens, que dimitía para pasar a entrenar al Brujas. Corría el mes de Junio del pasado 2012 cuando Wilmots, el segundo en la sucesión, aceptaba el cargo en vísperas a comenzar la fase de clasificación para el Mundial de Brasil. Atrás quedaba el sueño frustrado de la Eurocopa…

Puestos ya en situación, es fácil descubrir la identidad y los principios sobre los que se mueve el fútbol de la Bélgica actual si enumeramos las cualidades que en su día hicieron de Wilmots uno de los jugadores más importantes del país. Y lo cierto es que el cambio ha sido notable, ya no desde la táctica, sino desde la mentalidad. Marc Wilmots o El Toro de Dongelberg siempre será recordado, tanto en Bélgica como en Alemania –de su etapa en el Schalke, con el que ganó la UEFA en 1997- por su carácter dentro del campo. Cumplidor en aspectos técnicos y sobre todo tácticos, adjetivos como valiente y aguerrido servirían para definir al futbolista que en su día destacó por ser un mediapunta llegador de gran fortaleza física. En una entrevista a fifa.com, en la que repasaba su carrera como jugador, Wilmots confesaba: “Haber superado trece operaciones me hizo más fuerte mentalmente, siempre supe aprovechar los baches para subir más alto”. Respuesta perfectamente válida para acogerse al cargo. Bélgica necesitaba ese cambio ante un bache que cada vez ahondaba más. La adopción del carácter ganador y la conciencia de grupo eran vitales.

HAY FUTBOLISTAS, PERO ¿QUÉ HAY DE SU FÚTBOL?

De todos es sabido y comentado líneas arriba, que la trayectoria de Marc Wilmots como entrenador aún desconoce la fama en términos meramente titulísticos. Con todo y con eso, su nombramiento como seleccionador belga supuso un soplo de aire fresco, tanto como un más que seguro impulso a su carrera como técnico: el éxito está en lo cosechado durante la fase de clasificación para el próximo Mundial (a falta de disputarse un partido, el balance es de 8 victorias y 1 empate).

Ese respeto que se había ganado sobre el césped como jugador, del cual son testigos la mayoría de los que hoy están a sus órdenes, resultaría clave a la hora de cumplir su propósito. Lo que se muestra en España con el vínculo Atlético-Simeone, bien podría ser aplicable al caso Bélgica-Wilmots: saber con qué jugadores cuenta, entender la necesidad de adaptarse a las exigencias del fútbol moderno y, ante todo, imponer una filosofía de trabajo, de conjunto: el “todos a una” es una realidad en la actual selección belga. Teniendo en cuenta esos conceptos podemos pasar a descubrir el estilo de juego que Wilmots ha llevado a la práctica en su primer año como seleccionador.

Wilmots busca en Hazard su extensión en el campo | FOTO: Zimbio

Wilmots busca en Hazard su extensión en el campo | FOTO: Zimbio

Encontramos en el 4-3-3 la formación estándar de esta Bélgica. La portería no admite dudas con Thibaut Courtois, llamado a estar entre los mejores guardametas –si no el mejor- de la presente década. En el banquillo, otra opción de garantías: Simon Mignolet, meta del Liverpool.

Como decíamos, de acuerdo con el guión que reclama el fútbol de hoy día, la intención del técnico pasa por sacar el balón jugado desde la línea defensiva. Para ello, cuenta con hombres perfectamente dotados: Kompany y Vermaelen conforman la pareja de centrales titular. El primero, contundente atrás y poderoso en el juego aéreo; el segundo, muy fino en la salida de balón y con una gran visión de ataque.

Otro que ve puerta con facilidad es Jan Vertonghen, central reconvertido a lateral (izquierdo), y no por ello más limitado. Más bien todo lo contrario. Su principal competidor sería Pocognoli, lateral puro, potente físicamente y muy disciplinado en labores defensivas. El principal quebradero de cabeza del seleccionador surge en el lateral derecho. Hasta ahora se han jugado el puesto Guillaume Gillet y Toby Alderweireld. El primero es un interior que le imprime al carril el carácter ofensivo que demanda el técnico, dejando dudas en el repliegue; dudas que resuelve con la aportación del segundo, otro central reconvertido a lateral: también aporta salida de balón, pero no destaca por su profundidad.

Llegamos a la zona media. A partir de aquí se vislumbra una jugosa lista de nombres y combinaciones, todas ellas completamente fiables. Siguiendo con el esquema de Wilmots, la función del pivote la ocuparía Witsel, acompañado de dos interiores: Fellaini y De Bruyne parten como habituales, aunque Dembélé y Defour serían igualmente válidos para esa posición. Puede probar el 4-3-3 con un pivote y con dos. Ejemplo: Witsel-Fellaini y por delante De Bruyne. Esta opción es necesaria, puesto que, tanto Witsel como Fellaini cumplen con un rol de recuperador, tanto como de llegador, evidenciando en ocasiones una carencia defensiva por corregir. Podría ser esa, por lo tanto, la solución.

En los extremos, Marc Wilmots cuenta con hombres como Hazard –líder indiscutible de este equipo-, Mirallas, Mertens, Chadli o incluso el propio De Bruyne (con el 4-2-3-1 de Mourinho le hemos visto ocupando las tres posiciones de ¾ de campo). Velocidad a la contra, juego asociativo en estático, ataque por dentro y por fuera, intercambio de posiciones… He aquí las variantes que permiten esos jugadores.

Y arriba, en la punta de ataque, la culminación de lo visto en líneas anteriores. Benteke y Lukaku, ambos de origen congoleño, responden a la fisonomía típica del jugador de color: superiores en el cuerpo a cuerpo, recibiendo balón de espaldas o esperando remate en el área. No se manejan mal con el balón en los pies y son una baza más al contraataque: véase el doblete de Lukaku ante Croacia en el partido que decide la clasificación para Brasil 2014.

Como vemos, el fondo de armario le permite a Wilmots experimentar con uno u otro once, pero no le obliga a cambiar su estilo. Si el rival lo permite, el equipo está armado de la calidad suficiente para jugar al toque. De darse el caso a la inversa, el trabajo defensivo belga se traduce en una presión en campo contrario que busca dificultar todas las posibles vías de salida de balón del rival. Si son efectivos creando desde atrás, robando tampoco dejan lugar a la duda: sólo hay que ver lo que se forma de mediocampo para arriba en vistas a un contraataque.

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Posibles formaciones que maneja Marc Wilmots en la selección belga

AQUÍ PAZ, Y DESPUÉS GUERRA

Entre estas líneas encontramos los motivos por los que muchos llevan tiempo apostando por la selección belga como una de las favoritas para llevarse el próximo Mundial. Otros no sabemos si lo de “revelación” o “sorpresa” del campeonato se le quedará demasiado pequeño. El margen de mejora es amplio, pues la edad media de este combinado no supera los 25 años, así que, si no es en el Mundial será en la Eurocopa de 2016.

Cierto es que la espera fue larga. Por el camino pasaron jugadores, seleccionadores y una gran desesperanza. El destino fue protagonista el día que puso a Wilmots en el lugar que le correspondía: su carácter era la demanda de una selección en plena crisis de identidad. El autor de un gol que hace doce años cerraba un círculo, hoy logra vencer y enterrar a los fantasmas de un pasado, al tiempo que devuelve la paz futbolística a Bélgica. Ahora sus Diablos prometen dar guerra.

Por: Alber Gaitán

Sígueme en Twitter: @albeR_gaitan

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Categorías:Fútbol

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