La doctrina de José Ignacio Wert


| OPINIÓN |

Entre todos los ministros que forman el gabinete de Rajoy en esta legislatura hay uno que destaca por encima de todos los demás, se trata de José Ignacio Wert.

Es ministro de Educación, de Cultura y de Deporte. En Educación, por no tener, no tiene contentos ni a los miembros de la Conferencia Episcopal española, se ha cargado la investigación (nuestros jóvenes más válidos han salido de España), destruye la universidad día a día. En Deporte no ha atajado el mal que ronda sobre el dopaje en nuestro deporte y que, entre otras cosas, ha sido en gran parte culpable del estrepitoso fracaso de la candidatura de Madrid a las Olimpiadas. Y en Cultura ha destruido nuestro cine, nuestro teatro, la industria cultural en definitiva, aplicando unos recortes muy severos y subiendo el llamado IVA cultural.

La industria editorial agoniza, los derechos de autor desaparecen, la música se salva por los conciertos de los artistas y hay teatros donde las representaciones disminuyen como la libertad.

Wert ha tenido las ideas claras desde un primer momento. En el fondo la política es ideología, y la ideología es doctrina. Pero la doctrina que pretende impartir Wert está dañada con bases premeditadas de antemano.

Cada partido político que gobierna este país modifica su ley orgánica de Educación, y lo hace por doctrina, nunca piensa en el colectivo de estudiantes y docentes que la sufre y la padece. Eso es doctrina. Pero en este caso la LOMCE de Wert no contenta a nadie, no hay un solo colectivo en España que apruebe su ley, ni siquiera –como indicaba antes- la Conferencia Episcopal, y mucho menos algunos de los barones del PP que gobiernan comunidades autónomas populares.

¿Dónde está el problema? ¿Es Wert consciente de lo que hace? Piensen por un momento en las universidades de nuestro país, hablen con algún docente, con algún investigador. Desde luego el ministro posee una libertad infundada por el propio Rajoy. Antes de tomar posesión de su cargo ya tenía muy claro cuáles eran sus objetivos. Y todos están sobre la mesa.

Pero ni Wert ni Rajoy conocen las consecuencias de este adoctrinamiento. Cuando un español sale a la calle a protestar posee unos motivos más que evidentes, estemos o no de acuerdo en ellos. En este caso, cuando los profesores universitarios salen a dar clase a la calle o se movilizan los investigadores del CSIC, está claro que el adoctrinamiento se convierte en suplicio. Y el suplicio huele a troika.

Dicen que el ministro Wert no pretende renovar su mandato al frente del ministerio que preside. Que su sustituto pasa más tiempo en la sede que él mismo. ¿Estará satisfecho con lo conseguido? Lo cierto es que creemos que ni el propio Wert lo sabe.

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