Ancelotti: Vici, Veni… y ya veremos


| ANÁLISIS |

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Carlo Ancelotti durante el Real Madrid-Betis | FOTO: 20 Minutos

El pasado 20 de mayo, Florentino Pérez aparecía ante las cámaras para anunciar el fin de una etapa. Tres temporadas, tres títulos y más de una bronca atestiguaban el paso de José Mourinho por el Real Madrid. A su marcha, sonada y pronosticada desde buen tiempo atrás, se le unía en cuestión de un mes el anuncio oficial de su sustituto: Carlo Ancelotti.

MISMO OBJETIVO

Al igual que ocurrió con el técnico portugués, Ancelotti es en este momento el elegido para acometer el propósito de todo el madridismo: conquistar la Décima. Si para Mourinho esa Décima iba a ser su tercera, para el italiano significará lo mismo si acaba lográndolo –al menos como entrenador, pues vestido de corto logró otras dos, todas ellas con el Milan-.

No obstante, más allá del pasado de uno y otro entrenador –que importante es, porque lo es-, el aficionado cambia ahora su pregunta del “qué” por la del “cómo”. El “qué ganará el Madrid de Ancelotti” ya no es prioritario. Si Mourinho dijo adiós, en parte fue por enemistarse con más de media plantilla y algún sector de la clase dirigente, en su empeño por descubrir las vergüenzas de un club cada vez más mercantilista. Ahí, una mitad de verdad. La otra reside en lo visto sobre el césped: desde su llegada, el fútbol del Mou Team pasó de mostrarnos el estilo de un equipo trabajador, ordenado y goleador, a otro completamente inverso. La división reinante en el vestuario provocó los titubeos de un barco en el que, mientras unos tiraban del remo e izaban velas, otros echaban los víveres por la borda para más tarde juntarse y culpar a un capitán que con el tiempo perdió toda su imagen de líder. Y cuando hablo de capitán, en este caso me refiero al de Setúbal. Su duelo con Iker Casillas, el otro capitán, encontró vencedor en el jugador y sembró la diferencia en la grada.

De ahí que se pensara en Ancelotti para tomar el relevo. El de Reggiolo llegaba procedente de un PSG campeón de la Ligue 1 francesa y con un pasado, como decía, importante.  Importante, no tanto por sus conquistas -que también- como sí por su gancho para tratar con proyectos complejos en términos conductuales: llegó con la etiqueta de “El Pacificador”. Aunque lo de “pacificador” algunos lo entendamos de otra manera: los fichajes de Isco, Illarramendi, Carvajal, la llamada a Morata y Jesé para entrar a formar de pleno con los mayores, todo ello no representa más que una parte de los intentos de Florentino Pérez por tapar todas las hipótesis de inestabilidad que dejó entrever Mou en su día. La españolización de la plantilla o la confianza en la cantera no forman parte del guión de Ancelotti; el técnico ha asentido en cada una de las decisiones tomadas por el presidente blanco. Decisiones que pretendían borrar cualquier duda sobre si este era o no un proyecto meramente deportivo. Unas dudas que encuentran su confirmación en otras decisiones tomadas a posteriori. Pero primero, la bienvenida al nuevo entrenador.

LA ‘ERA ANCELOTTI’: “Fútbol espectacular”

Una bienvenida que tendría lugar a las 13:00 horas del 26 de Junio. Toda la camarilla del Real Madrid, acompañada de un gran número de medios, se daba cita en el palco de honor del Santiago Bernabéu para presentar al primer fichaje del nuevo curso. Previo discurso del presidente, Carlo Ancelotti salía al estrado. Apretón de manos con Florentino Pérez y después, las fotos de rigor. Se le recuerda emocionado, satisfecho por haber alcanzado su culmen como entrenador. Y después, sin tiempo para demoras, tocaba pasar la primera prueba de nivel: la prensa esperaba ansiosa por conocer sensaciones, objetivos y, sobre todo, la forma de conseguirlos.

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Cristiano y Bale están llamados a liderar el Madrid de Ancelotti | FOTO: Liga Futbol

Obtuvimos titulares acerca de los tres puntos citados. En primer lugar, llegaban los halagos hacia la parte contratante: “El Real Madrid representa una grandísima historia y tradición. Amo el fútbol y por eso hoy cumplo un sueño firmando por este club”, confesaba el técnico. En cuanto a los objetivos, “lograr la Décima es una ambición y una responsabilidad, intentaré hacerlo lo mejor posible, trabajando con profesionalidad y esfuerzo”. Hasta ahí, todo en orden. Pero faltaba la pregunta del millón: ¿Qué fútbol pretende ofrecer al espectador? A la altura de esa historia y tradición a las que se refería cuando hablaba del conjunto blanco, Ancelotti mostró claras sus intenciones: “Quiero un equipo que tenga el control del juego, con una buena idea de ataque y equilibrio en el centro del campo. Vamos a hacer un fútbol ofensivo y espectacular”. Fin de la cita.

¿A QUÉ JUEGAN LOS EQUIPOS DE ANCELOTTI?

Bien es cierto que, como dice aquel, del dicho al hecho hay un trecho. Desde su etapa en el Milan, la fórmula de Ancelotti no ha llegado a convencer, ni en Londres ni en París. Y por la presente, tampoco convence en Madrid. Nunca demostró ser un revolucionario en su puesto, sí un buen trabajador; se ha adaptado a lo que tenía.

Quienes conocen a Ancelotti, allegados y entendidos de este deporte, coinciden en varios aspectos que definirían los gustos del técnico: fútbol ofensivo, posesión de balón, juego interior, pocos toques para llegar a la portería contraria, contraataque, predilección por los extremos y delanteros puros, unos bien abiertos a banda; el otro, referencia en el área. Este breve análisis de preferencias puede llevar a algunos a confusión: ¿Ganar desde la posesión del balón y llegar a puerta con pocos toques? Aparentemente resultan lo contrario; sin embargo, tiene su explicación. Ancelotti piensa que, si un equipo debe llevar el peso del partido, ese es el suyo. De ahí la posesión; una posesión que alterna el juego interior con el juego por las bandas. Un método, el actual, que ha ido forjando en toda su trayectoria como técnico, y viene apoyado, como decíamos, en su adaptación a las plantillas con las que ha trabajado.

En Milán (2001-2009) mantuvo, maduró e hizo sempiterno al Pirlo que conocemos hoy día: un mediapunta reconvertido a mediocentro, siguiendo la pauta propuesta por Carletto Mazzone durante la cesión de Andrea en Brescia. Junto a él formaría un medio del campo con cuatro jugadores en rombo: Pirlo-GattusoSeedorfRui Costa*. [*Más tarde, la posición del luso la ocuparía Ricardo Kaká, a la postre, y aún a las órdenes de Ancelotti, Balón de Oro (2007)]. El fútbol de aquel Milan, un fútbol más elaborado, lo protagonizaban las combinaciones interiores entre esos cuatro hombres, que servían de enlace con una delantera que ocupaban ShevchenkoInzaghi/Crespo. Y atrás, en la retaguardia, historia viva del Calcio: CafúNestaStamMaldini. Un bloque compacto, bien repartido en sus funciones, que gozó de gran calado en Europa, llegando a disputar tres finales de Champions entre 2003 y 2007, de las que salió como vencedor ante la Juventus, en penaltis (2003), y frente al Liverpool en 2007 (2-1), vengándose así de la dramática remontada de 2005 en Estambul (del 3-0 al 3-4).

formaciones Milan

Formación 4-4-2 con rombo y 4-3-2-1 (“árbol de navidad”) del Milan de Ancelotti

En el Chelsea (2009-2011) comenzó fiel al 4-4-2 con rombo en medio: EssienBallackLampardJoe Cole. Arriba, Drogba y Anelka harían las veces de Shevchenko-Inzaghi en Milán. Así hasta la aparición de Florent Malouda, un extremo que Carlo utilizaría tanto por dentro como por fuera. Ancelotti había entendido que el fútbol inglés no daba lugar al recreo con el balón en los pies. Solución: abrir el campo e introducir un 4-3-3 o un 4-3-2-1* en función de las exigencias del guión (*formación en “árbol de navidad” que se le reconoce al italiano, también de sus últimos años en Milán). He ahí el fútbol directo, de pocos toques, que se revela entre los gustos del entrenador. Lejos de ser un equipo dominador como lo fue con Mourinho, aquel Chelsea lograría el primer doblete su historia en 2010: Premier y FA Cup.

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Formación 4-4-2 con rombo y 4-3-3 / 4-3-2-1 del Chelsea de Ancelotti

De grande en grande, en Diciembre de 2011 el destino colocaba a Ancelotti en París, donde le recibía el millonario jeque Nasser Al-Khelaifi, aún con su proyecto galáctico en desarrollo. A excepción de Javier Pastore, que llegó en el verano de 2011, el elenco de estrellas del PSG quedaría conformado para la 2012-2013. Ibrahimovic, Thiago Silva, Lavezzi o los talentos emergentes, véase Pastore, Verratti o Lucas Moura (Enero de 2013), eran los elegidos para devolver a lo más alto al conjunto parisino. Ganar no era el único objetivo; deseaban arrasar.

Tras una primera vuelta de tropiezos, probaturas y dudas varias, Ancelotti ordenó su método y buscó el peligro por las bandas: un 4-4-2 que, en ocasiones, pasaba a ser un 4-2-3-1. El costado derecho no admitía dudas con Lucas, mientras que en la izquierda interactuarían Pastore y Lavezzi, aprovechando la velocidad del último y liberando a Pastore como segundo delantero o enganche. La “innovación”, por así decirlo, tuvo como resultado la conquista de la Liga y una eliminación en cuartos de la Champions frente a un Barça venido a menos.

PSG 4-4-2 o 4-2-3-1

Formación 4-4-2 y 4-2-3-1 del PSG de Ancelotti

LA HORA DE LA VERDAD: Manos a la obra

Los ríos de tinta que habían corrido por el papel no llegaron a ver sangre en lo físico: la situación y sus afectados entendieron que lo normal era tomar caminos contrarios. Se fue  Mou y permanecieron los cabecillas de la insurrección: Pepe, Cristiano, Casillas… Eso sí, a Iker todavía le quedaba por delante resolver su suplencia. Y en estas estábamos cuando aterrizó “El Pacificador”. Benditos problemas se le presentaban: ‘mi portería se debate entre Diego López e Iker Casillas’; ‘me las veré negras para hacer un once con jugadores como Xabi, Illarra, Modric, Isco, Özil, Di María, Cristiano, Benzema o Higuaín’. ¡Ah, y faltaba por llegar Bale! Júntale además a los ilusionantes Jesé y Morata… En fin, problemón.

En el banquillo debería encontrarse el remiendo a esas “trabas”; sin embargo, entre unos y otros trabajaron para evitarle quebraderos de cabeza al bueno de Carletto. El primero en salir fue el Pipita, aunque su marcha sigue sin cerrar el problema del “9”. Más bien lo agranda. Ancelotti perdía una referencia –lo era, guste más o guste menos-, pero tampoco pedía un recambio. Por ahí sonaron Cavani, Agüero, Luis Suárez o incluso Falcao. El italiano no se creía con el poder, y lo peor de todo, con la necesidad de reclamar un esfuerzo por traer a alguno de esos nombres. Pensando en el fútbol, vaya. Porque necesidad había y la sigue habiendo. Tampoco se cerraba ahí el capítulo de bajas.

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Özil e Higuaín son las bajas más notables del Madrid para esta temporada | FOTO: Diario Deportivo Diez

Con el fútbol todavía en un segundo plano, se hacía oficial la llegada de Gareth Bale a cambio de 91 millones de euros, al tiempo que crecían los sorprendentes rumores de traspaso de Mesut Özil. Rumores previos a una confirmación: el alemán se marchaba al Arsenal dejando cerca de 50 kilos en Concha Espina y un rastro de fútbol imborrable, incomparable y difícilmente recuperable. ¿Dónde quedaba el toque si se iba el que mejor la tocaba? ¿Qué habría del fútbol ofensivo y espectacular de Ancelotti? ¿Quién iba a dar ese último pase como en tantas ocasiones lo había hecho el alemán (71 asistencias en tres años)? Muchas preguntas y demasiadas respuestas, aunque la más válida debería ser la del técnico, que hace menos de una semana sentenciaba: “No necesitamos a Özil, el problema está en la defensa, no en el ataque”. Bueno, cada uno que saque sus conclusiones. Pasemos entonces al análisis de posibilidades de este Madrid.

PRESENTE GRIS, FUTURO INCIERTO

Vista la pretemporada y las primeras jornadas de Liga y Champions, cuesta deducir un esquema tanto como un once tipo en la cabeza de Ancelotti. Lo ha probado todo: el 4-2-3-1 de Mou, el 4-3-3, el 4-3-2-1 y hasta el 4-4-2. Tal vez como respuesta al planteamiento del rival, tal vez por las dudas que dejan tanto las victorias como, sobre todo, las derrotas, tal vez por echar en falta una plantilla con todos sus efectivos a punto. Sea por lo que fuere, este Madrid no carbura: en Liga es 3º, a cinco puntos de Atlético de Madrid y Barça, líderes; y en Champions lidera el grupo B tras vapulear con un poco de orden y sin demasiado brillo a Galatasaray (1-6) y Copenhague (4-0). Hay que ver los partidos, no dejarse llevar por el resultado.

A día de hoy, su fútbol carece de una idea concreta. Mientras que en pretemporada mostraba las credenciales de un equipo dominador, con asociaciones y combinaciones interiores en ataque estático y rápidas transiciones tras recuperación de balón, ahora, en el momento de la verdad, se observa a un bloque sin un planteamiento efectivo con la pelota: movimiento lento del cuero de lado a lado, abuso del balón colgado al área (ya no se busca el factor sorpresa, ahora es la primera opción por inercia). Son circunstancias que denotan la desconfianza de un conjunto que teme fallar en el pase corto, ya que se ha demostrado que el equilibrio que pretendía el técnico brilla por su ausencia. Ni la presión es ordenada ni el repliegue solidario, como sí lo era con Mourinho: Al César lo que es del César. Equipos a priori pequeños han evidenciado la problemática de la que hablo con una salida limpia y en pocos toques que les ha plantado en el área madridista: véase Betis, Villarreal, Elche o Levante.

Tampoco ahora encontramos rastro de aquellas asociaciones interiores, de ese jugador que reciba entre líneas, gire y busque el pase a la espalda de la defensa rival. Isco tiende a caer a banda para que Ronaldo acabe formando delantera con Benzema (4-4-2), perdiendo así esa opción intermedia por dentro que había siempre con Özil. Hasta el momento, estamos viendo a un Madrid plano en el que pocos parecen tener claro su papel, empezando por su técnico: a estas alturas todavía cuesta esgrimir un once titular tipo.

A falta de Mesut, y a la espera del regreso de Xabi Alonso y del Gareth Bale que todos conocemos, mientras da con la tecla, Ancelotti seguirá agarrándose a los centros, al contraataque y a Cristiano. Planteamiento pobre, aunque todavía con la excusa del tiempo. Pero ojo, que Barcelona y Atlético no perdonan. Y si el Madrid sigue jugando así, “como contra el Elche” –que diría Carletto– no sólo no ganarán al Atlético; tampoco al Barcelona. Y párate a pensar ya en eliminatorias postreras de Champions. No hay duda de que el técnico italiano llegó a Madrid con la etiqueta de vencedor. Está por ver si cumple con el pronóstico. Mientras que Julio César llegó, vio y después venció; Ancelotti venció; después vino… y el resto ya lo veremos.

Madrid formaciones

Formación del Madrid de Ancelotti en el inicio de temporada y el presumible once de gala (4-3-3)

Por: Alber Gaitán

Sígueme en Twitter: @albeR_gaitan

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Categorías:Fútbol

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