Alacrán enamorado


| CRÍTICA |

  • Alacrán enamorado es un film de Santiago A. Zannou en el que se plasma la vida de un neonazi capaz de superarses y cambiar la mentalidad a raíz de una serie de factores
  • Es una historia tan evidente que no consigue ser nominada a los Óscar de 2014

Alacrán enamorado, film de Santiago A. Zannou, a las puertas de ser nominada a los Óscar de 2014, es una adaptación al cine de la novela de Carlos Bardem, también actor en la película. Su historia evidente es la razón por la que no consigue ser nominada, a pesar de que enganche, sea entretenida y se desarrolle con un ritmo adecuado, pero lo que el director quiere transmitir está totalmente conseguido: ánimo de superación y cambio de mentalidad.

Julián, Alex González, es un boxeador apodado Alacrán por su manera de ejecutar los golpes. Pertenece a una banda neonazi con la que se dedica por las noches a llevarse por delante a todo aquel que considere diferente a él, lo que hace que solo se vea odio en sus ojos y sus venas y no tenga hueco para ningún otro sentimiento. Esta es la razón por lo que en el gimnasio no consigue mejorar en el boxeo y decide pedir ayuda a Carlomonte, Carlos Bardem, un exboxeador retirado y fracasado que se dedica, no solo a enseñar boxeo, sino a no permitir que a sus alumnos le ocurra como a él en su pasado (aspecto que se muestra muy poco en la película y uno se queda con ganas de averiguar más sobre su antigua vida). A raíz de estas ganas de mejorar y de conocer a Alyssa, Judith Diakhate, una mulata que trabaja limpiando el gimnasio y de la que se enamora, Julián empieza a cambiar su mentalidad, a separarse cada vez más de su panda de neonazis, a valorar a las personas y el esfuerzo que se necesita para conseguir lo que uno quiere. Pero Alacrán se ve con una dificultad: su mejor amigo Luis, Miguel Ángel Silvestre, también perteneciente a la banda ultraderechista y violenta, no le gusta nada la decisión de vida que elige Julián y hará lo posible por impedir que su amigo se distancie de ellos.

El grupo de neonazis lo recluta Solís, Javier Bardem, el ideológico de la banda y el encargado de adoctrinar a los jóvenes en un escenario siniestro, en el que faltan fuerzas y energías en el argumento para convencer a sus miembros; Zannou podía haber puesto más empeño en las palabras de Solís y hacer un personaje con mano más dura. De este ambiente es del que se aísla Julián todos los días en el gimnasio, donde se descarga y se hace más hombre. En este escenario el director ha acertado reflejando el esfuerzo que requieren las cosas que merecen la pena y las ganas de compañerismo que hay a pesar de todos los golpes que se ven, peleas muy diferentes a las nocturnas que realizan los neonazis.

En cuanto a la historia de amor está bien enfocada, sin tapar la trama principal del film. Zannou ha preferido dejar la pareja a un lado y dedicarle el tiempo justo para mostrarnos cómo influye el amor en la evolución de Alacrán; no ha querido hacer una historia romántica en la que el trasfondo sea un neonazi que se aleja poco a poco de esa vida violenta, sino contar la vida de un neonazi lleno de rabia que se refugia en el boxeo y se enamora de una mulata, lo que para su ideología eso es inviable, pero es tan fuerte lo que siente que le hace desaparecer el odio inicial.

Zannou decide utilizar la cámara lenta para reflejar, en unos casos, la rabia de dentro y, en otros, el deseo de cambiar, pero en ambas situaciones son sentimientos que los personajes no son capaces de expresar con palabras debido a su difícil pasado. El director también aboga por primeros planos en los que se noten bien las expresiones de la cara, para hacer notar la evolución del papel de cada actor. Y, por supuesto, normalmente luces oscuras que representan la violencia y el miedo a la vez. No se puede dejar de lado las perfectas y difíciles escenas de peleas y golpes que consigue Santiago A. Zannou.

En cuanto a los actores, ninguno deja nada que desear, todos alcanzan unas limpísimas interpretaciones que llenan de fuerza la película, pero sobre todo hay que destacar el papel de Alex González, quien consigue camelar al espectador con su mirada, incluso hasta con sus golpes. Termina el film y se sienten las ganas de seguir disfrutando de la vida que le deparará al protagonista. En esta cuestión, otra pequeña pega que se le puede poner al director: no haber alargado unos minutos lo que sería la nueva vida de Julián como boxeador profesional y como enamorado de una bellísima mulata y gran persona.

Ya que Zannou prefiere dejar un final algo abierto, sería mejor que, o bien terminase la historia con otras frases bonitas y reflexivas como las del empiece de la película, o bien haber terminado con ellas: “no hay que tener miedo a hacer aquello para lo que estamos llamados, a luchar contra nuestro rival, a vencer. No importan las veces que nos peguen. No importan las veces que nos tiren, sino las que nos levantamos para seguir luchando. Nadie puede derrotarnos salvo nuestras decisiones. No hay que tener miedo a vivir”.

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Categorías:cine & TV

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