‘AM’: La frecuencia del rock


| CRÍTICA |

Hoy 9 de Septiembre sale a la venta ‘AM’, el último trabajo de los Arctic Monkeys, una de las bandas de rock más jóvenes y prometedoras.

Portada de 'AM'

Portada de ‘AM’ (Fuente: arcticmonkeys.com)

Son las ocho de la tarde cuando sales de Ventura en tu Mustang GT Convertible por la Ruta 101 en dirección a Los Ángeles. Antes de arrancar el motor decides buscar algo de música para escuchar durante el camino. Echas un vistazo entre todos los cedés que hay en la guantera: Queen of the Stone Age, Black Sabbath, John Lennon, Dr. Dre, Ike Turner… Pero tu mirada se fija en una carcasa que tiene dibujadas unas ondas. Arrancas el coche, enciendes la radio, introduces el disco y te pones en marcha.

Bombo, caja, bombo, caja, en bucle y de repente una guitarra dibuja un hipnotizante riff en tu mente. Tardas solo unos segundos en darte cuenta de que la canción se ha hecho con el control de tus pensamientos y, a la tercera vuelta de la melodía, en tu cabeza sólo resuena el eco de la guitarra. Entonces aparece Álex Turner y te susurra al oído: “¿Tienes color en tus mejillas? ¿Alguna vez te entra ese miedo de no poder cambiar la marea, que se queda pegado a ti como si tuvieras algo entre los dientes?”

Así empieza ‘Do I Wanna Know?’, el título con el que abre ‘AM’, el quinto álbum de los británicos Arctic Monkeys. Tras conocer  este tema de los de High Green, Sheffield, a principios de verano, supimos que este disco iba a dar mucho que hablar ya que, tal y como pasó con ‘Humbug’,  los monos del ártico han decidido dar otra vez un giro radical, eso sí, con una clase y elegancia propias de una de las mejores bandas del mundo.

La primera vez que oí ‘Do I Wanna Know?’ pensé que era extrañamente familiar a ‘R U Mine?’ No supe advertirlo, tuvo que ser Álex Turner (el cantante, letrista y guitarrista principal del grupo) quién me hiciera ver, a raíz de unas declaraciones, que esta última fue la pieza que dio lugar al nuevo disco. Entonces me puse el tema por segunda vez y lo vi claro: no sólo eran diferentes sino que además eran muy iguales. Ahí reside la clave de ‘AM’: 12 cortes que pertenecen a un todo pero que individualmente no tienen nada que ver unas con otras.

La segunda joya de la corona, como no, es ‘R U Mine?’  Una pieza eléctrica y rockera, con un ritmo contundente y pesado, acompañado de unos versos vertiginosos, colgando de rápidos compases con la elasticidad de un funambulista. Fue la canción que abrió el tapón de la inspiración del cantante y le hizo cabalgar por el desierto a lomos de una Stratocaster, tal y como él mismo lo define.

Tras estos dos temas, sexys y nocturnos,  se cuela en nuestros oídos un agudo ‘One for the Road’.  Y así, de la mano de Nick (al bajo) y Matt (a la batería) suenan las primeras notas de esta canción que corta con el rollo de sonidos oscuros y rápidos que avanzaron los temas anteriores. Turner canta con la ayuda de los coros, para terminar casi rapeando el estribillo al ritmo que marca Nick. Coros, distorsiones, ecos…  Esa es la seña e identidad de ‘AM’.  En los primeros temas los ‘monos’ se preguntaban: ¿De verdad quiero saberlo? O ¿Eres mía? En este tema ya se aventuran a afirmar: “I saw this coming from the start/ the shake rattle and roll”.

Es en este corte donde Turner deja claro el gran paso que ha dado como cantante, algo que ya se veía venir en el último trabajo de la banda, ‘Suck it and see’. Ha pasado de correr por las letras de una canción casi a la velocidad de un rap, a deslizarse por cada sílaba y darle intensidad a cada verso. Masticando palabras, ‘One for the road’ suena a rock y a rap, suena a glam y a R&B.

Se hace el silencio durante unos segundos y una batería recupera el ritmo que dejó la canción anterior. ‘Arabella’ irrumpe sibilina, como intentando pasar desapercibida,  pero antes del pre-estribillo avisa de que viene dispuesta a romper con todas las ideas que hasta ahora nos habíamos hecho del disco. Los golpes de guitarra de Jamie nos transportan a una pieza de rock única. Aquí Álex se descuelga la guitarra para quedarse solo al micro mientras los demás le marcan el compás. Sin duda, tanto la canción, como la chica a la que va dedicada, son dos piezas extraordinarias. Raras, únicas, intensas y eléctricas.

Sigues conduciendo hacia Newbury Park, casi a mitad de camino a Los Ángeles, cuando Turner canta “The horizon tries/ but it’s not just as kind on the eyes/ of Arabella, oh”: El horizonte lo intenta, pero simplemente no es tan agradable a la vista como lo es Arabella. Oh.

A esta declaración de intenciones le sigue ‘I want it all’, el ‘Brick by brick’ de este disco. Para los que no conozcan al susodicho fue un tema, medio improvisado, que se marcaron Álex y Matt para la grabación de ‘Suck it and see’. Un juego de guitarra y batería y unos versos fáciles pero vacilones, propios de una buena jam rockera. De nuevo Matt y Turner son los que toman las riendas vocales de la pieza, siendo el primero el que sobresale por encima del segundo. Matt tiene una buena voz  y lo mejor de todo es que por fin es en este disco donde termina creyéndoselo. La guitarra se va apagando poco a poco y casi sin avisar… “One, two, three, four…”  La voz del cantante hace una cuenta atrás y suena la que, para mí, es la mayor sorpresa del disco: ‘Nº 1 Party Anthem’.

Un piano, una guitarra acústica y una balada que recuerdan instintivamente a ‘Submarine’, el film para el que Álex Turner compuso una banda sonora. “Come on, come on, come on, number one party anthem ” anima Álex desde el estribillo. Y entonces una imagen nos viene a la cabeza junto a la historia de la canción: graduación de último curso de cualquier instituto en un rincón perdido de California; el chico malo de la clase, con su chaqueta de cuero, cuello levantado, mira con recelo a la chica guapa, que está fumando un pitillo en la pista a escondidas de los profesores, y piensa si ella aceptaría que él la saque a bailar y agarrados rodar por los compases de piano de esta balada.

Aquí ‘AM’ comienza a reposar y el ambiente se vuelve distendido. Esta pieza es como una confesión al oído. Empiezas a estar receptivo, abierto a cualquier nuevo sonido, casi provocando al disco para que escupa algo te sorprenda. Entonces ‘Mad Sounds’ irrumpe en la escena y todos los esquemas se van al traste de nuevo.  Sonidos locos, que te hacen levantarte, que te inyectan ganas de bailar. Un crescendo delicado, sutil y sugerente.

Comienzas a estar rodeado de matorrales, montañas y curvas. Cruzando Thousand Oaks de camino a Calabasas suena ‘Fireside’.  Esta canción cuenta con la colaboración de Bill Ryder-Jones, cuya guitarra nos trasporta  a un desierto eléctrico, repleto de cáctus y luces fluorescentes. Queda claro lo que se dijo en un principio y es que la identidad de ‘AM’ rezuma en cada compás del disco. Así mismo los Monkeys vuelven a conseguir que la esencia de cada tema sea única y que cada uno te traslade a un lugar distinto dentro de un todo común. Tras esta melodía proveniente del lejano oeste,  Turner dispara melancólicos versos rodeados de psicodelia, con la puntería propia de un vaquero, dando balazos en el corazón : “Like in my heart there’s that hotel suite/ and you lived there so long/ If kind of strange now you’re gone”.

Arctic Monkeys (Fuente: deanchalkley.com)

Arctic Monkeys (Fuente: deanchalkley.com)

Y como si despertáramos de una alucinación tras unas horas en el desierto de Joshua Tree, ‘Why’d you only call me when you are high?’  promete ser breve pero concisa. Aquí Álex deja a un lado las metáforas y las imágenes para contarnos una historia, más cotidiana de lo que muchos piensan. Estas en un bar, tomando algo con los colegas, pero no dejas de darle vueltas a aquella chica que conociste la otra noche. Bebes para olvidar y terminas perdiendo la cuenta de lo que has tomado y el interés por lo que se está hablando. Así que decides lanzarte a la aventura y mandas un mensaje a esta chica: Oye, ¿has salido? Quiero verte. En este corte los Monkeys se acercan a las bases de rap, con unas líneas cortas y rimbombantes de bajo y guitarra que se repiten en bucle. Una vez más los excesos y el desamor (aunque éste sería más bien un desamor carnal) se convierten en la temática central.

La autopista de Ventura se hace larga aunque ya has pasado por Hollywood  y sabes que estás a punto de llegar. Entonces suena una batería acompañada de unas palmas. Un piano vuelve a cortejar  la canción. ‘Snap out of it’ destila años 50 en cada nota. Suena a cuarteto de cuerda, con contrabajo y piano, todos trajeados por igual, mientras un repeinado Turner invita con la mirada desde el escenario a un par de chicas a que salgan a bailar un swing en la pista del bar, a la par que canta: “I wanna grab both your shoulders and shake, baby/ snap out of it”. Una canción fresca y que nos incita a mover los pies, tal y como lo describe Josh Homme, líder de Queen of Stone Age, en unas declaraciones recientes acerca de ‘AM’.

Un riff ligero acompañado de unos tintineos nos introduce ‘Knee Socks’. Otro melancólico tema de Turner, una vez más, diferente a los demás, repleto de falsetes y coros que terminan deseando un agudo: “You could be my baby”.  Galopantes golpes de batería y bajo nos llevan por los versos de esta canción hasta el estribillo dónde una vez más las voces de Matt y Nick se aúnan para tomar todo el protagonismo.

Y con la magnífica adaptación de ‘I Wanna Be Yours’ , el poema de John Cooper Clarke, termina ‘AM’ y llegamos a nuestro destino: Los Ángeles, lugar donde fue concebida la criatura, más concretamente en los estudios Sage & Sounds Recording y Rancho de la luna. En este tema Álex Turner se personaliza en los objetos que rodean la vida diaria de esa chica que tanto le gusta y a la que casi suplica que le deje ser lo que ella quiera, pero quiere ser suyo, mientras una guitarra llora los últimos acordes del disco y Turner repite una y otra vez “I wanna be yours”.

Este trabajo supone toda una evolución en la trayectoria de los de Sheffield, que han sabido ir paso a paso con sus experimentos musicales hasta desplegar todo su potencial y transformarse en lo que ahora son. No han tenido prisa y han aprendido muchas cosas por el camino, se han dejado aconsejar bien, tanto por su productor James Ford, que ha sabido conducirles hacia dónde ellos querían ir, como por Josh Homme, amigo de la banda y colaborador en algunos de los temas, principal influencia para los componentes del cuarteto.

Algunos, como NME, se aventuran a decir que es uno de los mejores discos de la década, aunque queda mucho para que ésta termine. Démosle un voto de confianza a la banda y esperemos a que dentro de un par de años vuelvan a sacar un disco con el que seguro conseguirán superarse. Entonces, quizá entonces, podamos afirmarlo con rotundidad. Mientras tanto, habrá que disfrutar del camino y de esta obra maestra que han elaborado con tanto esmero y talento estos artistas de Sheffield.

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Categorías:Cultura, Música

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