La Txampions, un poco más Real


La Real Sociedad en Gerland | FOTO: diariovasco

La Real Sociedad en Gerland | FOTO: diariovasco

Los mal pensados auguraban un futuro negro para un equipo que perdía al ancla de su velero, Illaramendi, y al capitán de su navío, Philippe Montanier, pero no pensaron en que en Anoeta se quedaba una plantilla joven y un conjunto fuerte y consolidado, con un fútbol vistoso que es tan preciosista como efectivo.

En Gerland, la afición del Olympique de Lyon se dio cuenta desde el primer momento que, en frente, no estaba un equipo cualquiera. Si todos pensaban que la Real Sociedad era un club poco acostumbrado a jugar partidos así, sus propios jugadores dieron una bofetada rápida con un partido perfecto que devolvió un poco la justicia poética que Darko Kovacevic o Javier De Pedro andaban buscando desde 2004.

Primero, Antoine Griezmann decidió que la gravedad fuese por un momento inoperante ante su cuerpo en corzo para conectar un remate acrobático del que saldría un misil que desprendía rosas para los más de cuatro mil aficionados realistas que abarrotaban el estadio francés, y espinas para un Lyon que no es ni la sombra de lo que un día fue. Un gol de una factura realmente bella. Tan bella, como cara para los jugadores franceses que, de repente, vieron como una losa caía sobre sus espaldas.

Y es que Griezmann no es un jugador cualquiera. Es el hombre que pone la rima a la poesía que, con los pies, hacen los txurri-urdin. Un alma diferente, libre, que está feliz con un balón en los pies, y hace feliz a todo aquel que juegue con él.

Después, Seferovic. Un delantero del que se dudaba. Venía de jugar en segunda división italiana. Sin marcar apenas goles y con muy poca experiencia como profesional. Se ha ganado al mundo del fútbol en tan sólo un mes. Siempre en constante movimiento, asociándose con sus compañeros de ataque y desmarcándose como si su vida le fuese en recibir un balón con la mayor de las ventajas.

Tras una jugada de tiralíneas y en pocos toques, la Real Sociedad se plantó, por decirlo de alguna manera, en posición de marcar. Al suizo le quedó un balón botando, a 35 metros de la portería, y escorado en la banda derecha. No se lo pensó. En lo que tardó el balón en rebotar del suelo al aire, le dio tiempo a ver al portero del Lyon fuera de sitio para conectar un soberbio zurdazo que se clavó en el corazón de la afición francesa e hizo despertar del sueño, para convertirlo en casi una realidad absoluta, a los hinchas realistas.

Seferovic en un momento del partido | FOTO: MARCA

Seferovic en un momento del partido | FOTO: MARCA

El partido terminó 0-2, pero la sensación fue de 0-4 y de un dominio impropio de un equipo tan poco acostumbrado a jugar en estas lindes, pero que ya ha mostrado su capacidad de dar guerra por Europa.

Porque además de Griezmann y Seferovic, la Real Sociedad tiene equipo. Qué digo equipo, EQUIPAZO. Un portero, Claudio Bravo, que es un seguro de vida tanto por alto, como en el mano a mano. Por si fuera poco, tiene un toque de balón con los pies que ya querría algún medio centro de primera división. En línea defensiva, el futuro central de la selección española, Íñigo Matrtínez. Carácter, empuje y calidad en un defensor que será de los más grandes más pronto que tarde. A los lados, dos laterales como Carlos Martínez y De la Bella, que pocas veces harán una nota de 9, pero que jamás bajarán de un 6. Siempre cumplen, y eso no es fácil de encontrar.

En el centro del campo, se echará de menos a Asier, de eso no cabe duda, pero Zurutuza, que en Gerland se marcó un partidazo descomunal, Markel, que fue la sombra de Grenier y cualquiera que vistiese de blanco, Rubén Pardo, la esperanza txurri-urdin y un futbolista con una clase y una mística especial, y el recién llegado Granero, que dará calidad y oficio en una competición tan dura como la Champions League, hacen de la Real Sociedad un equipo muy aseado en esa línea.

Pero donde de verdad lleva peligro. Donde acaban las esperanzas de los rivales, es en la línea de ataque. A los mencionados anteriormente, se les unen tres hombres imprescindibles. The One Club Man, Xabi Prieto. La elegancia de la plantilla y el corazón de toda la afición enmarcada en un futbolista. Imanol Agirretxe, el delantero que dinamitó y explotó en la segunda mitad de la temporada pasada y que, tras salir de la lesión, vivirá una bonita pugna junto a Seferovic por la titularidad. Y Carlos Vela. El tenor de todos los demás. El nombre de este club. Un jugador de talla mundial que vuelve loco al más cuerdo defensor y la principal baza de una Real Sociedad que no pondrá límites al campo.

La temporada será larga. Y dura. Muy dura. Pero los de Jagoba Arrasate saben a lo que juegan, y encima lo hacen muy bien. La Txampions, un poco más Real. 

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Categorías:Fútbol

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