Rubén Pozo: “Despejando toda la ecuación puedo quedarme solo con la guitarra y eso se sostiene”


ENTREVISTA – CRÓNICA |

Es el primer día de calor de la primavera sevillana y a tan sólo una hora de que comience el tan esperado derbi entre Betis y Sevilla en el Villamarín, me encuentro en la puerta de la sala Obbio esperando a que llegue Rubén Pozo, con el que he quedado para entrevistarle. Allí estamos un pequeño grupo de personas, algunos fans, los de la productora y un par de periodistas mirando todos y cada uno de los coches que pasan por allí, intentando adivinar cuál es el de Rubén. Media hora más tarde un taxi se para en la puerta. De él se baja Rubén, acompañado de su road manager. Abre el maletero y saca sus guitarras. No lleva nada más. Está en una gira acústica por todo el país presentando su trabajo en solitario llamado ‘Lo que más’. Una gira sin banda, sin más compañía que sus canciones.

Mientras los teloneros hacen la prueba de sonido Rubén aparece y nos saluda. Su manager nos lleva hasta la taquilla de la sala donde haremos la entrevista. Nos acomodamos y antes de empezar le pregunto a Rubén si le importa que hagamos unas fotos. “Si problemas pero ¿te importa que me ponga las gafas de sol?”

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PREGUNTA: ¿Cómo va la gira en acústico?

RESPUESTA: Pues muy bien. Estoy yendo por garitos de 100 o 200 personas, o por centros culturales de localidades, así, del mismo aforo, o teatritos pequeños… y me lo estoy pasando muy bien. Para mi es todo un aprendizaje esto de hacer un show de hora y media sin más armas que mi guitarra, mi voz y mis canciones.

P: ¿Hay algún bolo que haya sido especial para ti, en lo que llevas de gira?

R: La verdad es que cada semana tengo como mínimo dos bolos. Muchos. Ayer, sin ir mas lejos, en Granada, surgió la magia.

P: Seguro que hay alguna canción con la que surge la magia en la intimidad del concierto. Una que le llegue especialmente al público o que sea más esperada.

R: Todas, la verdad es que todas. Sí, sí.

P: Para prepararme esta entrevista estuve leyendo otras que ya has hecho y me fijé en que la mayoría de los titulares eran muy curiosos. Te he traído alguno para que comentes, a ver.

R: (Risas) A ver…

P: “Hombre, ¿quién no se la ha pelado alguna vez delante del ordenador?”

R: (Risas) Lo subscribo y lo vuelvo a decir. Sí, sí.

P:Mi música se parece a todo y a nada, es Rubén Pozo y ya está”

R: Uf. Bueno, supongo que eso lo dije en la entrevista número 15, de un día, en dónde te preguntan cuál es tu estilo… y ya te echa humo la cabeza. Yo me muevo entre el pop y el rock, sea lo que sea lo que signifique eso, me muevo entre ellos aunque no sabría definirlos, ni decirte lo que es indie, tampoco. No sabría definirte ningún estilo. A veces me muevo más por uno o de otro, siempre ha sido así.

P: Todos los premios son mentiras”

R: La música no es una ciencia exacta, quiero decir, que para gustos los colores. No es como los 100 metros lisos donde uno llega antes que otro… Te halaga que alguien te de un premio, claro. Pero aquél que graba canciones y las toca en directo, para él, el mayor premio es que  haya gente las escuche y las haga formar parte de su vida… Ese es el premio gordo de la música.

P: ¿Se antoja necesaria una gira así, acústica, económicamente hablando? ¿O simplemente es por acercar las canciones al público de una forma más íntima y variar el formato?

R: Bueno, la verdad es que es una cosa que he querido hacer siempre y este es el momento. Estar solo ante el peligro. Es un poco una mezcla de ambas cosas. Tengo dos formatos: o con la banda, o yo solo. Con toda la banda tenía conciertos justitos… Y yo soy de los que piensa que “fuera de casa como en ningún sitio”. El sueño de mi vida es tocar y lo cumplo dos veces cada semana. Es una manera de hacerme ver a mí mismo el poder que tiene mi repertorio, mis canciones. Para eso me viene bien este formato sin arreglos, quedarme con la columna vertebral de cada canción, cinco acordes, mi voz y la historia que estoy contando… Eso es lo que hago yo.

P: Da la impresión que ‘Lo que más’ es como una liberación de emociones, de sentimientos, de tensiones… Letras muy sinceras y honestas. La música es un poco como una terapia ante ciertos problemas ¿no?

R: A mí una canción me sale cuando tengo algo que decir, cuando tengo algo ahí que no sale, que se me está haciendo bola por dentro y necesito desmadejar ese nudo. Lo utilizo de terapia, sí, pero no conscientemente. Luego descubro, en su momento, que lo que me ayuda a deshacer mi nudo interior, también ayuda al que las escucha. Me gusta esa sensación, de notar que hay canciones tuyas que igual que te sirven a ti les sirve a otra gente.

P: En tus entrevistas siempre encuentro referencias a algunas canciones del disco y de todas más o menos has comentado algo. Pero hay una canción que creo que está pasando un poco desapercibida: ‘Nada más’. Cuéntanos algo sobre ella.

R: Ajá, bueno, esta canción a nivel melódico me gusta mucho, me quedó muy bien. Es muy agradecida de tocar. Es de las canciones más pop del disco, entra como ‘agüita’, sin filtro, no hay que trabajarla, entra fácil… Pero es que me gustan todas (risas).

P: No lo dices por tópico, ¿no?

R: No, no, es verdad. Les he echado tantas horas a cada una… Las he vestido tan guapas y no sé, me he peleado cada frase… Estoy orgulloso de las 12 y de todas las que he hecho en mi vida. Si las saco es porque creo que tienen algo especial, sino, me la quedo para mí.

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P: Algunos artistas como Quique González han escrito algunas canciones con tintes políticos, revolucionarias, críticas socialmente, inspirados en la actual situación de nuestro país… ¿Has escrito alguna vez una canción así y no te has atrevido a publicarla?

R: La verdad es que nunca he tirado por lo político. Lo mío son las emociones, el panfleto se me da muy mal. Más allá de Dylan en su segundo disco… “the times are changing” o “masters of war”, no sé, dejó el listón muy alto y no me sale, la verdad. Trabajo con las emociones internas a pesar de que soy un indignado más, por supuesto, pero no me salen por ese lado las canciones.

P: ¿Qué es lo que más te ha sorprendido, para bien y para mal, de salir en solitario con un disco propio y rodar con él por todo el país?

R: (Piensa unos segundos antes de responder) Me he demostrado a mí mismo que puedo sacar un disco y salir con él, tirar en solitario. Siempre he sido animal de banda, la filosofía de la banda de rock… Me ha encantado siempre. He estado en dos bandas, una sin mucho éxito y otra con mucho. Las cosas se han dado de esta manera, estoy en solitario, y he visto que, a unas malas, si se tuercen las cosas, me quedo solo con mi guitarra y puedo tirar para adelante con lo mío. Despejando toda la ecuación puedo quedarme solo con la guitarra y eso se sostiene.

P: ¿Cuál ha sido la peor y la mejor crítica que has escuchado de tu trabajo?

R: (Sonríe y piensa) No sé, no me acuerdo mucho. No tengo ninguna que me haya marcado. La verdad que no sé…

El periodista musical es una pata más, importante también en el tema de la música como profesión. A mí  me importa más lo que piense la gente. Lo que piense un crítico me parece bien, tanto por lo malo como por lo bueno, por la tibieza o por el fuego. Me interesa si se ponen como público. No sé. Paso palabra (risas).

P: Eres un perfeccionista de las letras, tiene que frustrar un poco que las musas no lleguen.

R: Sí, la verdad que sí. Cuando saqué el disco estuve unos meses que no me salía ninguna canción. Y me llegué a preocupar y tal, es mi mayor temor que se seque la fuente de las canciones. Cuando lo di todo por perdido, tocaba en casa, con la tele sin volumen y toqueteando, pero no me salía ni una frase. Y cuando asumí que no me iba a salir ninguna canción más al día siguiente escribí una. De alguna manera se rompió el tapón, ha vuelto a manar y ya estoy liado escribiendo canciones, haciendo maquetas, preparando pues eso, lo próximo.

P: En una entrevista leí que estabas “atragantado” con una de estas nuevas canciones que estás escribiendo y que no sabías como terminarla, si con estribillo simple o doble estribillo ¿Qué hiciste al final?

R: Hostia (risas). No sé ahora a cuál te refieres, pero seguro que si tenía doble estribillo al final se lo he quitado. Eso seguro. Seguramente le haya dejado uno y pasado mañana lo ponga doble otra vez. (Risas)

No sé, así sin saber de nada, creo que un solo estribillo es mejor que dos. Doble es eso que hacen los grupos que quieren sonar mucho en la radio y lo repiten para que se quede, y eso lo único que hace es que sea un coñazo.

P: Hablando de escribir canciones… ¿Recuerdas la primera canción que escribiste?

R: (Piensa en silencio y sonríe antes de responder). Sí, claro que sí. Recuerdo tener 16 años y ponerme ahí a escribir y me salió una canción, la verdad,  muy sencillita. Aunque nunca la he grabado.

P: Y orgulloso de ella.

R: Sí, porque rimaba, pasaban cosas cuando la cantabas. Es la que dio el pistoletazo de salida.

P: ¿Te ha pasado alguna vez de tener un riff muy bueno y hacer una canción a raíz de él? ¿O eres más de los que necesitan una historia que contar?

R: Por lo general me sale primero la historia, la verdad. Tengo riff muy buenos (risas). Y no sé ponerles letras, la verdad. Y me jode porque se van quedando ahí y los pierdo, o los meto en alguna canción… Me encantaría ponerles letra. En general yo hago una canción cuando tengo una historia, cuando tengo algo que decir. Si estoy ahí y me sale un riff, digo “joder, a qué me suena”, pero me sale de mentira, no me lo creo y nunca llego a nada si la empiezo así.

P: En la revista Rolling Stone contaste la historia en la que se basa tu canción ‘4 y 26’ del disco Aviones (Pereza). La verdad que flipé un poco con aquello de que alguien te llamara todo los días a la misma hora. ¿Es algo habitual que pasen estas cosas bizarras con las fans o es un hecho aislado?

R: No, no, no. Es un hecho aislado. En una época me llamaba una persona, durante un mes, a esa hora, y no decía nada. No sé si es un fan, o Satán, el caso es que hice la canción y dejó de llamar. La hice para mí, sin enseñársela a nadie, y justo entonces dejó de llamar, cuando la tenía terminada. No sé qué sería, yo me lo tomé por el lado de las fans, igual no lo era.

P: Hay algunos artistas que son conocidos no sólo por su música, sino también por alguna frase célebre que hayan dicho o algún verso de alguna canción suya. ¿Con que frase te gustaría que te recordaran?

R: Me remito a una canción mía. Es mi single ahora, se llama ‘Chavalita’ y la canción dice: “Por verte desaparecer me hacía mago”. No tiene nada que ver con lo social ni nada, pero me gusta.

O, no sé, en la lápida, como Groucho y su “perdone que no me levante”, pues, no sé, me gustaría que pusiera: “Rubén Pozo – Hacía canciones”.

Crónica del concierto:

A las diez y veinte Rubén subió al escenario de la sala Obbio armado de su guitarra acústica. Toquetea un par de cuerdas y empieza a sonar ‘Nombre de canción’. Es increíble el talento que rebosa. Es todo un showman. Cierto es que tenía al público en el bolsillo sin tener que pisar el escenario, pero su forma de estar y de tocar hicieron que, como él dice, surgiera la magia. Entre canción y canción le daba tiempo para un solo de guitarra o para unos chistes, supongo, que para ir rompiendo el hielo. “Gracias por venir a verme en un día en el que juegan Betis y Sevilla, de veras, gracias. Yo no soy muy futbolero pero creo que el Betis es algo así como el Atleti, así que, bueno, que viva el Betis”.

Su repertorio estuvo cargado de viejas glorias como Margot, Pelos de punta, Voy a comerte, Horóscopo, Pirata, Madrid, entre muchas otras joyas de la corona de Pereza, que sonaron y fueron vitoreadas por un público que cada vez quería más y más de Rubén. “Oye, que yo he venido aquí a tocar, no a hacer reír, sé que los chistes son malos, por favor, no os riáis por compromiso”. Hacia la mitad del concierto y sin tiempo para pausas se pasó a la eléctrica para tocar la canción que da nombre a su disco: ‘Lo que más’. “Es que aquí en Sevilla tenéis mucho arte, así que bueno, esta canción aquí se llamaría algo así como ‘ozú, shiquilla, no vea'” y así, comenzaron a sonar los primeros acordes de ‘Chavalita’.

De esa magia de la noche surgió un juego improvisado entre Rubén y el público, algo que ni el mismo esperaba. Él empezó a gritar, en uno de esos solos improvisados que le caracterizan y el público empezó a repetir sus gritos. Obviamente, Rubén, encantado con la broma, le siguió el juego a sus coristas improvisados. Algunos empezaron incluso a cantarle “poeta, poeta” a lo que él respondió “esto no lo entiendo muy bien, luego me lo tendréis que explicar”.

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Bailó, posó , gritó, rió e incluso lloró. No sabemos si por el efecto de los focos o porque realmente se emocionó al cantar “Mañana será otro día”. Sí que es verdad que tuvo que secarse las lágrimas al terminar la canción, por lo que, lo mejor será dejarlo en incógnita. Aunque no sería extraño, el concierto fue para emocionarse.  Sobre todo con canciones tan viscerales y crudas como ‘Invierno’, un tema en el que habla en tercera persona sobre el maltrato machista. Una forma de escribir inusual en él pero que sin embargo se le da bastante bien.

El repertorio terminó con ‘Como cualquiera’ y ‘Pegatina’ con la que nos invitó a “mover el culo”. Sonó la última canción y Rubén ya se despedía: “que sepáis que esta noche se me pone morcillona en el hotel cuando me acuerde de vosotros y vosotras, guapos y guapas”. Pero el público no se conformó con que el recital terminara ahí y pidió el bis. No sabría decir si el bis va incluido en el repertorio de Rubén, lo que es seguro es que no tuvo que pensarlo dos veces. Se lo estaba pasando pipa, la verdad. Estaba disfrutando y nos estaba haciendo disfrutar a nosotros. “No acostumbro a hacer bises pero es que hoy no me voy de aquí sin hacer uno”. Y así, para terminar, sonó ‘Rum rum’. Rubén se bajó del escenario al grito, otra vez, de “poeta, poeta”, saludó una vez más y se fue directo al camerino.

Lo primero que pensé al terminar el concierto fue: “vaya, esto sí que es rock and roll”. Un tipo subido a un escenario, solo con su guitarra, nadando por las cuerdas, punteando cada nota, sacando la esencia a cada frase… Eso es rock and roll. Es uno de los cantantes con más talento de nuestro país, no sólo a nivel compositivo, sino también con la guitarra, aunque todos sabemos que el de la voz bonita era Leiva. Hay una cosa que anoche quedó bien clara, por encima de todo,y es que Rubén Pozo es rock and roll.

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Categorías:Cultura, Música

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2 respuestas

  1. No tengo palabras para describir lo que me hace sentir este tipazo, eres grande Rúben, cada canción tuya me eriza la piel, me identifico con las letras, son mis compañeras día y noche. Gracias por regalarnos tus canciones. Es tan extraño como conectas con los sentimientos de miles de personas, a miles de kilómetros de tu país. Me quito el sombrero…

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