En favor de la política


| OPINIÓN |

  • Necesitamos recuperar la confianza en la política, en cuanto que actividad necesaria en la sociedad
  • No dejemos que unos malos gobernantes empañen una actividad tan noble como es la política

Los recientes casos de corrupción en nuestro país –sobre todo- pero también los numerosos casos de incompetencia laboral de algunos de los dirigentes públicos en todos los niveles están llevando a esta sociedad a un desafección política sin precedentes en nuestra sucinta vida democrática. Los resultados del CIS lo demuestran en cada uno de sus estudios, aunque no son necesarias muchas investigaciones cuando uno se pasea por los bares de este país, lugar por antonomasia de tertulia pública de los españoles. Y dada la importancia de su función, la de la política, es un problema que debemos solucionar.

La política somos los propios ciudadanos, no solo los gobernantes.

Es indispensable recuperar la fe en la política para poder avanzar como sociedad.

Podríamos tomar la utopía anarquista como ejemplo a seguir, según la cual no debe existir autoridad ni Estado, abogando por una sociedad realmente libre. Miedo me da pensar cómo se comportarían Bárcenas y secuaces ante una sociedad sin control alguno, motivo por el cual, desgraciadamente, debemos imponernos dicha autoridad, aunque adaptada al S.XXI. Pero ésta no debe ejercer las funciones con las mil y una imperfecciones de las que actualmente dispone: es imprescindible una reformulación del término para adecuarlo a las necesidades reales de la sociedad actual.

Así pues, asumiendo tal requisito para el buen funcionamiento de nuestra democracia, se debe empezar por volver a situar la política en el lugar que le corresponde, como verdadero pilar de sustentación del Estado, incluso llegando al nivel de los maestros y los médicos. Si bien es cierto que una sociedad sin educación pública, gratuita y de calidad, así como un sistema sanitario análogo, no se desarrolla con la madurez necesaria para afrontar los problemas cotidianos que se van planteando, también lo es el hecho que debemos disponer de unos administradores de nuestros recursos que trabajen con verdadera vocación de servicio público, bajo rigurosos mecanismos de control y una mayor participación ciudadana tanto en las decisiones de gestión como en las renovaciones de los cargos.

No todos los políticos son iguales, aunque esta opinión se está generalizando peligrosamente. El PP es el partido con más imputados y debe ser juzgado por ello, pero también cuenta entre sus filas con ciudadanos que simplemente quieren aportar sus conocimientos por el bien de su localidad. Y muchos otros políticos luchan día a día por sus ideales, sin que la corrupción les aceche tras sus espaldas. Y si no, que se lo digan a Mónica Oltra o a Ada Colau: dos mujeres que hacen política de manera asimétrica en aspecto (partido político versus plataforma ciudadana) pero con rasgos muy parecidos en el fondo. Y es que eso es, señores, la política: resolver los conflictos que existen en las sociedades, fruto de la convivencia entre seres humanos.

Los ciudadanos merecemos mayores canales de participación.

Necesitamos volver a construir un sentimiento social colectivo.

Política no solo es ocupar las portadas de los tan corporativistas medios de comunicación. Política es luchar contra la corrupción y evitar los desahucios, pero también lo es emitir quejas al ayuntamiento y exigir aquello que nos corresponde, ya sean millones de euros de una entidad bancaria o una señal de tráfico bien puesta en el cruce en el que vivimos. Política son los políticos, pero también los ciudadanos. Necesitamos de la política porque la política somos nosotros. No debemos caer en la trampa de los portadistas de la prensa: juegan a intimidarnos con la excusa de la crisis y nos extirpan aquello por lo que tanto hemos luchado generación tras generación. Nos quieren hacer creer que no hay otra solución que la que ellos nos imponen, pero existen mil y una maneras de llevar a cabo algo tan digno como es la actividad política: asambleas decisorias en los barrios, mecanismos de denuncia efectivos y eficientes, sesiones públicas de control de nuestros dirigentes, etc.

Para que todo ello pueda ser una realidad es necesario un verdadero sentimiento colectivo, un sistema político lejos del partidismo nocivo que nos impregna día a día, una voluntad de mejora y cambio social hacia un sistema más justo y equitativo y, ante todo, estar dispuestos a hacer sacrificios en pro del beneficio global. Demos una lección a nuestros actuales dirigentes y no emitamos juicios de valor precipitados: discernamos entre unos y otros y luchemos por una política que abogue por un auténtico servicio público; castiguemos a aquellos que han querido especular con nuestros recursos y premiemos a los que simplemente anhelan, como un servidor, construir una sociedad verdaderamente libre, verdaderamente democrática: verdaderamente justa.

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Categorías:Nacional, política

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2 respuestas

  1. En el funcionamiento de una sociedad libertaria o anarquista, y por tanto basada en el libre asociacionismo, no tienen cabida fenómenos de corrupción a la escala de Bárcenas (por citar tu ejemplo), básicamente por que en ella no existiría el dinero ni la propiedad privada. Así mismo, la corrupción no es más que una consecuencia directa del sistema capitalista y del principio del poder. Pero esto no es lo peor que nos trae, a pesar del escándalo mediático. La exagerada desigualdad social, el reparto del mundo entre las clases altas, la explotación, la tiranía, la estructura piramidal, el patriarcado y la esclavitud de nuestro siglo siguen estando patentes y modificando nuestra manera de vivir, en lo más profundo de nuestro ser.

    La política, a mi modo de ver, es sencillamente un sueño imposible, en el sentido de la política actual, basada en la teoría de la representación. Cuando hablamos de utopías y entramos en este tipo de dinámicas pro-sistema, solemos creer que es posible que un grupo minoritario de personas que siempre -y a lo largo de toda la historia- han representado o terminado representado los intereses de una clase social concreta, pueden representar a su vez los intereses generales. Rousseau, pensador de base para las democracias capitalistas occidentales, llamaba ‘voluntad general’ a lo que hoy se ha convertido en no más que la tiranía de unas mayorías adormecidas y tocadas por una opinión pública fuertemente manipulada por los medios de comunicación masiva. Y eso sí es una utopía. Una voz nunca ha sido suficiente.

    Está bien querer creer en la política de los políticos, pero opino que hay que respetar todas las políticas, incluso las federalistas, asamblearias, anarquistas o como se las quiera llamar.Si no lo hiciéramos así, perderíamos muchísimo en el inicio de lo que parece ser una nueva conciencia social. Reproducir el sistema sólo nos llevará a cometer los mismos errores.

  2. Buenas tardes Alejandro:
    Sobra decir que tienes mucho más conocimiento que yo en el tema. Lo único que quería transmitir era que la política es necesaria, en cuanto que necesitamos organizarnos como sociedad (no hablaba de la política de los políticos).
    He citado muy por encima el anarquismo como podría haber nombrado cualquier otra corriente -¿utópica?- que, si bien quizás es necesaria, no sé si la condición humana permitiría llevarla a cabo de manera plena y satisfactoria. Sea como fuere, simplemente trataba de explicar que necesitamos una nueva conciencia social, en una reproducción del sistema o en lo que venga, siempre que sea mejor que lo actual (que no es difícil…).
    Gracias por tu opinión.

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