Un placer, Señor Sampedro


| OPINIÓN |

  • Muere José Luís Sampedro a los 96 años de edad
  • El escritor, economista, profesor, humanista… se fue tal y como “un río muere en el mar”

José Luís Sampedro

“Es una de esas personas de las que un día diremos ‘hemos conocido a José Luís Sampedro’, una de esas personas de las que nos enorgulleceremos de haber conocido” decía Iñaki Gabilondo a modo de presentación de José Luís Sampedro en una ocasión. Y qué razón tenía. Únicamente una charla, una novata entrevista para un periódico local, mi primera entrevista en el mundo del periodismo, y la que más recordaré. Varios besos sobre las mejillas y alguna que otra sonrisa. La profundidad de sus ojos azules, azulísimos, que después de haber visto tanto seguían siendo jóvenes. Dedicatorias y garabatos sobre algunos de sus libros, que guardo, y guardaré, como oro en paño.

Me sentía orgullosa de conocerle, pero hoy no me queda orgullo, solo pena y, al mismo tiempo, alegría. Se me escapa la sonrisa cuando leo su tranquila partida, rodeado de los suyos y con un granizado de Campari recién metido al cuerpo. Hay que ver, los hay que son elegantes hasta para irse de este mundo.

José Luís Sampedro murió el pasado domingo con 96 años. Sabio envejecido pero de alma adolescente, tal y como él deseaba se fue “dulcemente”. Por expreso deseo del maestro, el anuncio de su muerte no se ha hecho público hasta pasados días y una vez que su cuerpo se ha incinerado. Olga Lucas, su viuda y colaboradora –con quien Sampedro escribió su último libro, “Cuarteto para un solista”-  relataba ayer para Cadena Ser los últimos momentos del escritor: “Nos dijo que quería beberse un Campari, así que le hicimos un granizado de Campari. Me miró y me dijo: ‘Ahora empiezo a sentirme mejor. Muchas gracias a todos’. Se durmió y al cabo de un rato se murió”. Sosegadamente y en calma se nos fue Sampedro, sin grandes aspavientos ni anuncios clamorosos, pero dejando huella, como siempre.

Rebelde, rotundo, crítico. Indignado. Paciente y calmado. Tierno y sencillo. Encantador. Con el amor a la vida por bandera, no cesó hasta su muerte de recordarnos lo verdaderamente importante de cada uno de nuestros días: vivirlos. La vida es nuestra y nuestro tiempo no es oro, nuestro tiempo es vida, y lo único que debemos hacer con ella es aprovecharla. El ser humano es libre de expresarse y libre de pensamiento, por mucho que hoy en día se empeñen en achicarnos y, tal y como él mismo dijo, por mucho que “nos eduquen mal para no tener un pensamiento libre, condicionen nuestro pensamiento”. Atreverse a pensar, atreverse a luchar, y a luchar por la pureza de la vida y por el amor hacia ella. No asustarnos. Sobretodo no doblegarnos ante el poder, el poder nos asusta para dominarnos, decía. Solo si pensamos con libertad, podremos vivir en ella. Aprender día a día. Ser aprendices de nosotros mismos hasta el final, cada día más sabios y cada día más libres.

Ahora sí que es libre del todo, Señor Sampedro. Aquí nos quedamos un poquito huérfanos, pero con un valioso legado que nos ayudará a seguir hacia delante. Mil gracias por sus palabras, por sus pensamientos, por sus claras ideas, por sus razonamientos, pero sobre todo por compartirlos todos ellos. ¡Qué gusto escucharle hablar! ¡Qué gusto verle pasear! Mil gracias por toda su vida, y por ayudarnos un poquito a vivir la nuestra.

Tal y como un día me escribió, la joven con “simpatía inmediata” le manda el mayor de sus agradecimientos y todos sus respetos. Gracias por aquella gran oportunidad, y gracias por ser quien fue. Como muere un río en el mar, decía usted que se quería ir, y como tal se ha ido. Sin embargo, el río habrá muerto pero el mar sigue ahí, más grande que nunca.

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Categorías:Cultura, Opinión, Sociedad

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6 respuestas

  1. Es cierto que nos quedamos un poco huérfanos pero con sus escritos y lecciones de vida y coherencia, Le conocí a través de su obra y su ejemplo como referente necesario. De “Escribir es vivir”, recuerdo esta frase: “El tiempo no es oro, el tiempo es vida. Cuando yo me muera, se acabó mi tiempo”. Luego, precisa que reducir el tiempo a oro era reducir la vida a dineros.
    Es cierto que su tiempo vital se acabó pero seguirá vivo en sus libros y en su ejemplo.

  2. Profundas y verdaderas palabras, Teresa, me ha encantado.

  3. Una referencia importantísima para el anticapitalismo y el mundo que ‘necesariamente’ está por venir, como él decía en las entrevistas. Sampedro fue maestro y aprendiz a la vez, toda una lección de humildad para las sociedades occidentales. Me mola mucho el artículo, un abrazo Teresa 🙂

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