De hijísima a imputadísima


| OPINIÓN |

Isabel Pantoja ya no sabrá qué referente tomar en el caso de que su juicio continuara y no haya quedado ya visto para sentencia. Porque ya no puede poner como ejemplo a la infanta Cristina, que, por otra parte, era también el ejemplo de hija perfecta. Y es que, por fin, ha sido imputada. “Por fin” es lo que más se puede escuchar en cualquier debate. Y es que las cosas de palacio, van despacio, y han tenido que pasar 13 meses para que la hija del rey sea imputada en el caso más importante de corrupción del país. Vergonzoso.

La inviolabilidad de la familia real, exculpándola de cualquier caso, ha sido rota hoy por el juez José Castro que instruye el caso del que también es el yernísimo del rey, aunque se empeñen en negarlo y esconderlo. Y la gente aplaude la valentía de este juez que ahora, además de a la Jefatura del Estado, también tiene en contra a la Fiscalía Anticorrupción, que recurrirá la decisión de imputación, ya que siempre ha sido demasiado contraria a que la infanta fuera señalada por la justicia. Vergonzoso.

“Muy sorprendido” se halla el rey por el atrevimiento de Castro. ¿No era la justicia igual para todos? Pues alteza, ahora la justicia también es para su hija. Pero la infanta puede alegrarse. Como imputada puede mentir, cosa que no como testigo. Así que, el día 27, tras recorrer el ya conocido paseíllo que ya ha hecho su marido un par de veces, seguramente sólo escuchemos a la imputadísima decir “no lo sé/no me acuerdo”. Vergonzoso.

Pero no todo da tanta vergüenza. De hecho, hay que tener en cuenta que estamos ante una posible buena noticia, siempre interpretando por bueno no el hecho de una nueva imputación por corrupción, que por otra parte hace flaco favor a la tan manoseada marca España, sino por el posible esclarecimiento de los hechos, y que de una vez por todas se sepa la verdad.

También es una buena noticia saber que existe algo de decencia en un poder independiente que debe ser, como así lo exige cualquier democracia. Y si es necesario apuntar como delincuente a la hija del “jefe” de todos los españoles, es necesario hacerlo, e imprescindible.

Y por supuesto, es bueno dejar de ver a la infanta como una mujer florero, incapaz de saber qué negocios tenía su marido. Como así lo ha interpretado el  héroe de todo esto juez, que no se cree que el Rey no comente con su hija las críticas que había hecho llegar a su marido; o que existen indicios que hacen dudar de que la infanta no conociera que su marido la utilizaba como vocal en el Instituto Nóos. Basta ya de tanto machismo, que las mujeres no son tontas, aunque haya alguna que se empecine en asegurarlo, como la imputadísima, o como Mato, o como la Pantoja.

Nos alegramos de que la hijísima sea imputadísima, para demostrar al menos su culpabilidad o inocencia, que para eso estamos en un Estado de Derecho. Quién sabe. Quizá la corona salga bien parada de todo esto…

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