De las puertas que abre la riqueza


| OPINIÓN |

  • Citigroup destina 560 millones de euros para zanjar una demanda colectiva por presunta estafa a sus accionistas e inversores
  • La entidad se ha desprendido de esta cantidad sin realizar  un esfuerzo excesivo pues forma parte de su fondo de reserva para este tipo de litigios
  • La resolución de la demanda depende de los juzgados del Sur de Nueva York que aún no se han pronunciado 

Sede de CItigroup

Sede de Citigroup

Para entender lo que está pasando hagamos las cosas bien y empecemos por el principio. En 1998 nace lo que hoy conocemos como Citigroup, fruto de la fusión entre Citicorp y Travelers Group. Primer delito de una lista considerable. Travelers era una compañía de seguros que a su vez, había adquirido dos bancos de inversión (Smith Barney y  Shearson Lehman). Por su parte, el Citi era un banco comercial. En los EEUU de la época donde nos situamos este tipo de uniones estaban prohibidas: con la ley Glass-Steagall los bancos comerciales no podían dedicarse ni a los seguros ni a la inversión. Pero los intereses en juego superaban con creces esta ley y todas las que se pusieron por delante.  Se produce así lo que conocemos como desregulación, cuyo máximo exponente fue la ley Gramm-Leach-Bliley que, un año después, derogaba la ley anterior y hacía legal la creación del gigante estadounidense.

Políticos y magnates financieros -me cuesta distinguir entre ambas figuras-, colaboraron para que estos cambios legislativos tuvieran lugar. Phil Gramm, presidente del Comité del Senado para la Banca, Vivienda y Asuntos Urbanos, Sandy Weill, presidente de Citigroup o Robert Rubin, secretario del Tesoro fueron algunos de los responsables. Gramm recibió cuantiosas ayudas de la industria financiera para su campaña. En el caso de Rubin, antes de entrar en el gobierno ya formaba parte de la directiva de Goldman Sachs y, curiosamente, tras abandonar la política se convirtió en vicepresidente de Citigroup. Hablamos de muchos tipos de corrupción. Para sus campañas o de manera personal, los políticos aceptan sobornos de modo que en la mayoría de los casos estos delitos son tan sutiles que ni ellos mismos son capaces de verlos. Se les compra para que adopten y mantenga una serie de posturas, y así se hizo posible todo lo que ocurrió a finales de la década de los noventa en el país más poderoso del mundo.

Desde mayo de 2006 y durante un periodo de dos años, la entidad financiera vendió hipotecas subprime a sus clientes. La información que se proporcionó para que la gente hiciera estas compras fue falsa, o por lo menos de dudosa fiabilidad. Para que se entienda, es lo mismo de lo que está acusada Bankia en nuestro país, solo que esta no paga ni un euro. La desorbitada cantidad que el grupo americano ha pagado no resulta tan escandalosa si tenemos en cuenta que en el pasado ejercicio destinó 2.800 millones a este tipo de problemas legales. Aunque parece que el conglomerado es capaz de resolverlo todo a “tocateja”, tras el estallido de la crisis hipotecaria en Estados Unidos sus títulos han bajado un 90% y muchos de sus inversores se alejan por estas ilegalidades.

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Categorías:economía, Nacional

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