La poca originalidad de la televisión española


| REPORTAJE |

  • Splash! y ¡Mira quién salta! son el claro ejemplo de la falta de originalidad de la televisión española
  • Las series, además, son el claro ejemplo de carencia de nuevos argumentos que renueven el panorama televisivo
  • Desde la irrupción de Gran Hermano, las televisiones compiten en copiarse cuanto antes unas de otras

*Léase el artículo con la música del vídeo de fondo

Fue en 1990 cuando empezó el mercado competitivo de la televisión. La creación de los canales privados harían que la parrilla televisiva se convirtiera en una oferta amplia de entretenimiento, en el que el espectador pudiese elegir cada día lo que más le interesara de todo el ámbito televisivo. Primero fueron cuatro cadenas abiertas (La 1, La 2, Antena3 y Telecinco) más una de pago (Canal+), pero la oferta se amplió mucho más con la llegada de la TDT, pero sin ampliar nuestro análisis, nos quedaremos con las actuales seis cadenas generalistas: además de las anteriores, excepto Canal+, encontramos también Cuatro LaSexta.

¿Están escuchando la sintonía del vídeo? Pues bien, es la sintonía del reality show por excelencia y ampliamente conocido Gran Hermano. Lleva en antena casi trece años. Y si bien se pensaba que con la ampliación de la oferta televisiva encontraríamos un gran abanico de propuestas por parte de las cadenas, nada más lejos de la realidad. Y es que, quizá, el punto inicial de competitividad calcada de unas cadenas a otras vino a partir del estreno en Telecinco de Gran Hermano. Antena3 contestó con el “invento” de El Bus, un formato extremadamente similar al anterior, pero en vez de encerrar a los concursantes en una casa, se les encerraba en un autobús que parecía una casa.

La competencia por la publicidad y la fiebre por los reality shows ha venido dándose entre las cadenas desde entonces. Pero quizá, desde esa primera copia, no vemos entre las cadenas formatos tan clonados como al que vamos a asistir esta semana. Porque Telecinco estrena un programa extremadamente calcado del que estrenó Antena3 el pasado lunes, que arrasó en audiencia. Se trata de la fiebre por poner a los famosos en los trampolines más altos posibles para que salten, con piruetas incluidas. Se trata de Splash! en Antena3 y ¡Mira quién salta! en Telecinco. Ambos, programas absurdos hasta la extenuación, y copiados ferozmente entre ellos y de la televisión extranjera, porque en España no existen las nuevas ideas.

Carteles de "¡Mira quién salta!" y "Splash!"

Carteles de “¡Mira quién salta!” y “Splash!”

Y no sólo en los reality shows existe la escasez de originalidad, si no como dijo Javier Olivares, guionista de la serie Isabel en una entrevista para Actualidad24, las series españolas también pasan su propia crisis. Son “series de familias completamente felices o de un barco abandonado en alta mar y te has olvidado de qué te estaban contando. Aquí ves mucha telefórmula y las series que te estoy contando en realidad son novelas […] aquí es todo como una especie de continuación de una historia inacabable, cuantos más capítulos mejor. Y, en este sentido, yo creo que la ficción española, desde que llegaron las privadas, frenó su avance de calidad”.

Es decir, la televisión española está experimentando, sobre todo en los últimos años, un desgaste excepcional. Que nos lleva a preguntarnos qué será de ella si sigue por este camino. Las series, el entretenimiento masivo por excelencia, ganan en popularidad entre la sociedad española, pero no las de producción propia, sino las extranjeras. Y cada vez más. Y los formatos de espectáculo ya se copian primero de los éxitos extranjeros para después adaptarlos de la misma manera en varias cadenas.

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Categorías:cine & TV

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1 respuesta

  1. La decadencia de los formatos en la televisión es algo más que evidente (un ejemplo claro es el de Flo y Anna Simón en LaSexta, un híbrido entre SLQH y Otra Movida). La culpa de que estos formatos existan y sean exitosos suele caer sobre los espectadores. Cierto es que son los espectadores los que deciden qué ver, pero tampoco tienen un abanico de posibilidades realmente originales entre las que elegir. Son las grandes productoras las que realizan el “menú” sobre lo que debemos elegir y cada vez ese “menú” es menos apetecible.

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