Flequillo, bailoteo y a los Oscar: cuidado, que llega Michelle Obama


| OPINIÓN |

  • Michelle Obama aprovecha su posición de Primera Dama y despega hacia el estrellato
  • Es graduada por la Universidad de Princeton y Harvard y su carrera profesional es destacada
  • Los Oscar, su flequillo y su baile televisivo han hecho saltar los rumores sobre lo que de verdad se propone la Primera Dama

Michelle Obama

Michelle Obama

¿Alguien sabe cuál es el nombre de la esposa de Mariano Rajoy? ¿Y de Françoise Hollande? ¿Alguien conoce el nombre del marido de Angela Merkel? No, seguramente no. Y si la respuesta es sí, párense a pensar por qué lo saben. La pregunta viene dada por lo sorprendida que me encuentro últimamente, ilusa de mi, con la figura de la Primera Dama estadounidense Michelle Obama. Claro está, si hablamos de la presidencia de los Estados Unidos hay que tener en cuenta una serie de características.

Por una parte, en los Estados Unidos la vida familiar y privada de los presidentes siempre se ha aireado algo más que en los países europeos, aunque de todo hay claro. Se trata de marketing electoral. En Estados Unidos está demostrado que a la hora de que el elector elija su voto son predominantes tanto las propuestas políticas del candidato como la imagen que éste mismo muestre de su vida privada y de su entorno. En el caso, la presentación en sociedad de Barack Obama, además de explotar al máximo el recurso de ser el primer presidente negro de América, se proyectó la imagen de un hombre cercano, amable, culto, humano, inteligente, benévolo pero rígido… pero sobretodo, se potenció la imagen de padre de familia y esposo, la del esposo de Michelle Obama: una mujer que desde el primer momento, por mucho que quisieran disimularlo, ha pisado al mismo ritmo que su marido la carrera hacia la presidencia y la fama.

Por otro lado, la imagen de las primeras damas de la Casa Blanca se basa más que nunca en la conocida frase de “tras todo gran hombre hay una gran mujer”. Tras la figura del presidente más importante del mundo hay siempre una mujer femenina, inteligente, elegante, formada, cauta, natural, cariñosa, bondadosa. La Primera Dama es siempre una madre cuya vida está dedicada al cuidado y atención de los hijos, los cuales no deben sufrir los acosos periodísticos y la soledad por tener un padre tan ocupado que no pueda ir a verlos a los partidos de béisbol; una esposa que estará ahí para apoyar y proteger a su marido, presidente del país más poderoso del mundo; una mujer capaz de cuidar de sí misma, de su familia y del resto de americanos que requieren de su presencia en los comedores sociales y asociaciones dedicadas a los más desfavorecidos durante las navidades y la celebración del Día de Acción de Gracias. Mujeres todoterrenos capaces de perdonar hasta una infidelidad que se hace pública mundialmente. Venga ya.

En esto último Michelle Obama lo ha bordado durante el primer mandato de su marido en la Casa Blanca, aunque en ocasiones se le haya visto un poco –  demasiado implicada y protagonista. Sin embargo, desde que Barack Obama consiguiera vencer por segunda vez las pasadas elecciones norteamericanas, la figura de Michelle ha dado un vuelco: primero fue su cambio de look y su pérdida de peso para la ceremonia de investidura de Obama (quizás sintió la necesidad de competir con Beyoncé); después fue su aparición en el famoso show de televisión de Jimmy Fallon, en el que no se cortó ni un pelo (de su nuevo y famoso flequillo) bailando delante de la cámara muy moderna; hay que hablar también de su reciente labor de cronista en diarios como The Wall Street Journal, en el que ya ha publicado algún artículo de opinión; por último, ya lo más de lo más, fue su aparición “sorpresa” en la última entrega de los premios Oscar como la encargada de entregar el premio a mejor película, claro que lo hizo mediante una retransmisión en directo desde una sala de la Casa Blanca.

Y dicho esto, digo yo ¿Qué está planeando Michelle Obama? ¿Qué se propone la mujer del presidente? Por ahora, sea lo que sea que quiere conseguir, no va desencaminada. Con un mayor porcentaje de popularidad que su marido y un 73% de aprobación entre los ciudadanos americanos, Michelle Obama está consiguiendo ascender hasta la cima de la fama y una de las posibles causas podría ser su deseo de presidencia, ¿por qué no?.

Lo que quiera que sea lo que persigue la Señora Obama, la forma que ha adoptado para hacerlo no creo que sea la más acertada. Bien puede estar proyectando una imagen muy divertida y moderna, pero la profesionalidad, valoración y labor de una abogada licenciada en la Universidad de Princeton y Harvard y trabajadora de una de las firmas de abogados más importantes de Chicago (Sidley Austin), del gabinete del alcalde de la misma ciudad, Richard M. Daley, y del Centro Médico de la Universidad de Chicago, no están por ninguna parte. Si se aprovecha de su situación de Primera Dama siempre será recordada como tal, será más fácil, pero a la larga un desprestigio, y por ahora todo su trabajo y recorrido laboral han desaparecido frente a una aparición en los Oscar y su flequillo a lo Cleopatra. Allá películas Señora Obama.

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Categorías:Internacional, Opinión

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