Fiscales, renuncias e independencia


| INFORMACIÓN |

  • Martín Rodríguez Sol, Fiscal Jefe de Catalunya, presenta su dimisión tras opinar sobre el proceso soberanista catalán
  • El debate sobre la independencia de la justicia y la libertad de expresión sacuden, de nuevo, la sociedad española

El pasado domingo, el Fiscal Jefe de Catalunya, Martín Rodríguez Sol, hizo unas declaraciones en una entrevista a favor de “crear alternativas legales para la realización de consultas populares en Catalunya”. A raíz de estas afirmaciones, que matizó horas después aclarando que siempre se tendrían que dar dentro del marco legal existente, presentaba su dimisión. Martín Rodríguez Sol depende directamente de de la Fiscalía General del Estado, presidida por Eduardo Torres-Dulce, el cual ha aceptado su renuncia después de haberle abierto un expediente de destitución.

Este hecho tiene especial relevancia por varios motivos. El primero de todos, porque Rodríguez Sol no hace ni un año que ostenta este cargo, escogido directamente por el Fiscal General (ambos de ‘Asociación de fiscales’, de carácter conservadora); si a esto le añadimos la rareza de una destitución como ésta, el debate sobre el momento y el motivo acerca de una dimisión de estas características está abierto. Por otro lado, cabe destacar el momento por el que atraviesa la política de nuestro país y el contexto en que se ha desarrollado todo. En pleno debate soberanista, el President de la Generalitat, Artur Mas, ha ido anunciando sin cesar que “Madrid hará todo lo posible para frenar la voluntad del pueblo catalán, aunque por ello tenga que jugar sucio”, mientras que desde la Moncloa siempre han manifestado la ilegalidad del proceso y la voluntad de entendimiento con Catalunya, sin pasar por el Dret a Decidir catalán. A raíz de estas posiciones, ¿qué papel debe jugar la justicia en todo esto? Es aquí donde encontramos el tercer de los motivos por los que el caso adquiere cierta trascendencia. Y también es aquí donde las especulaciones sobre el verdadero motivo de esta destitución alcanzan una dimensión que va más allá de la necesidad de independencia del Poder Judicial.

Toma de posesión del Fiscal en Jefe de Catalunya, en julio del 2012.

Torres-Dulce y Rodríguez Sol / Fuente: el Mundo

Desde Catalunya, las voces se alzan en favor de Rodríguez Sol, alegando que simplemente ha dado una opinión profesional sobre el proceso, sin manifestarse a favor o en contra de la independencia. Del mismo modo, cual caso Pujol en las elecciones del 25N, achacan la decisión de su destitución a la guerra sucia -valga la redundancia- que el Estado quiere llevar contra el territorio catalán. Por su parte, el Gobierno español, a través del Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ha defendido la postura del Fiscal General del Estado alegando que la objetividad de la justicia pasa por encima del contenido en sí de sus palabras, recordando que la ley del Poder Judicial y el Estatuto Fiscal “les dice a jueces y fiscales: ustedes no pueden intervenir en el debate político, ustedes tienen que abstenerse”.

La cuestión es que, a través de supuestas cuentas en Suizas encontradas justo antes del 25N, de mosaicos oficiales en forma de senyera en el Camp Nou o a través de destituciones de capital importancia en un órgano como el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, el proceso soberanista catalán siempre termina encima de la mesa, con reproches entre unos y otros y, como siempre, sin saber los verdaderos motivos que se esconden detrás de cada uno de ellos. La justicia debe sostenerse como una de las tres patas en que basamos nuestra democracia a través de la separación de poderes, por lo cual si se considera que Rodríguez-Sol ha irrumpido en el debate político a título personal (más allá de su derecho a la libertad de expresión), deberá cargar con las consecuencias. Pero lo cierto es que también deberíamos aplicar efectos parecidos a los que usan dicha libertad de expresión en medios de comunicación como pretexto para saltarse cualquier principio ético y deontológico, así como aquellos que injurian y calumnian sin fundamento alguno y, dicho sea de paso, a los políticos de turno que no hacen sino aumentar la aversión ciudadana hacia la democracia. Esperemos que la objetividad y la transparencia se apliquen con sentido común en los lugares en los que cruzar la línea roja puede ser muy peligroso, pero no solo para el mantenimiento de un estatus oligárquico de poder, sino para la consecución de un debate que, como venimos pidiendo desde hace meses, se haga desde la madurez democrática. Una madurez que parece que llega bastante a trompicones…

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Categorías:Nacional, política

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