Versos de acero y sangre


| CRÍTICA |

¿Qué diría William Shakespeare si supiera que su obra “Coriolanus”, escrita en el S.XVII, iba a inspirar más de 400 años después la película homónima del actor Ralph Fiennes, en su debut como director? Imposible saberlo, para qué nos vamos a engañar. Lo que sí se sabe, es que la película ha dado que hablar por el estupendo reparto y la violencia mostrada.

"Coriolanus" de William Shakespeare

“Coriolanus” de William Shakespeare

Con algo de retraso -en Inglaterra y Estados Unidos se estrenó en 2011- llega a las pantallas españolas lo que parece ser un golpe sobre la mesa de Ralph Fiennes, con algún tipo de confusión que le ha hecho participar en películas como la explotadísima saga Harry Potter (basada en los libros de JK Rowling), o “Furia de titanes” de Louis Leterrier, con éxito en taquilla pero no tanto así en crítica.

No es posible hablar de “Coriolanus” sin mencionar al polifacético William Shakespeare, que tantas joyas ha traído a la cultura para gozo del ser humano, y orgullo de los ingleses. Obras suyas como Julio César, Romeo y Julieta, Macbeth, Enrique V, El sueño de una noche de verano, Otelo… han sido adaptadas al cine con gran éxito.

Laureado también ha sido a lo largo de su carrera el compatriota de Shakespeare, Ralph Fiennes, al que conocemos por ser un desalmado Capitán de las SS durante el nazismo alemán en “La lista de Schindler” de Steven Spielberg, un hombre gravemente herido en “El paciente inglés” de Anthony Minghella, o un jardinero fiel en la película del mismo nombre, del director brasileño Fernando Meirelles.

Ralph Fiennes interpreta a Coriolanus

Ralph Fiennes interpreta a Coriolanus

Parece que el actor ha estado guardando toda su vida la rabia y el orgullo, la potencia que dan las situaciones tensas, para ponerlo todo en pantalla, porque por encima del hecho de que “Coriolanus” es la adaptación de una obra de Shakespeare, está la violencia, que se muestra en toda su crudeza, que golpea, impresiona, ataca y violenta en numerosas ocasiones al espectador.

Es legítimo que Coriolanus (interpretado por Ralph Fiennes) se sienta traicionado después de que su pueblo le destierre por no estar de acuerdo con la forma en que pretende gobernar, incluso que la forma de ser del personaje cree un aura de tensión y un séquito de valentones -y bravucones- dispuestos a luchar contra el que sea con tal de saciar su sed de victoria. Pero es que la violencia es tan gráfica que a menudo es incómoda, casi que la sangre derramada en las batallas salpica al espectador.

Quizá Shakespeare se parara firmemente y mirando a Fiennes a los ojos, le diría algo así como: <<Se te ha ido un poco la mano, ¿no crees?>>. Sí es un acierto monumental el grupo de actores y actrices que se suben al carro de combate: Gerard Butler como Aufidio, el líder de un pueblo rival; Vanessa Redgrave como Volumnia, la madre de Gaius Martius Coriolanus, o Jessica Chastain como la mujer de éste, que interpreta al personaje de Virgilia.

Es una originalidad el que la película esté ambientada en la Roma contemporánea. En vez de espadas, pistolas, carros de combate y granadas; en vez del desconocimiento que debía reinar en aquella época en cuanto a los acontecimientos presentes, la mediatización total de la sociedad, una información 24 horas sobre 24; y el camino inverso, en vez de una población como la presente, que se cuenta por millones, y más o menos, participa de forma crítica en el día a día, otra de un número mucho más reducido y altamente manejable por los poderes establecidos -¿realmente acabo de decir esto último?-.

Estreno de la película en el 61º Festival Internaiconal de Cine de Berlín

Estreno de la película en el 61º Festival Internaiconal de Cine de Berlín

Los actores interpretan a los personajes en verso, lo que a priori llama la atención y puede avivar nuestro gusto por la poesía, pero que luego nos hace arrepentirnos y movernos en las butacas alguna que otra vez. Si Ralph Fiennes, aunque no deja de estar muy creíble en su papel, protagonizara un videoclip de Eminem, no resultaría nada raro ni a la vista ni al oído. La razón, cuando habla bien pudiera estar rapeando por el movimiento de su cuerpo, la cadencia de sus palabras, la ira de sus ojos.

Estas concesiones artísticas, sin embargo, desentonan. No consiguen meterse en el cuadro de visión del espectador, porque descolocan a la par que minan la dinámica del filme, salpicado de referencias a la obra de Shakespeare. Ahora bien, el gusto por el cine es tan personal como las huellas dactilares, de modo que esto puede ser una desventaja, o todo lo contrario.

Coriolanus acaba sus días cuando el acero de Afidio le desgarra las tripas. Su orgullo e insensatez le hacen luchar por su tierra, pero también le condenan a la muerte. Puede que una pizca de valentía no nos viniera mal al común de los mortales para cambiar la situación por la que pasamos actualmente, aunque la violencia, desde luego, la tendríamos que echar a un lado. Está de más.

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Categorías:cine & TV

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