“Todo el mundo pensaba que con los maquis la guerra podía dar un golpe”


| ENTREVISTA |

  • Al terminar la Guerra Civil española una mayoría de la población rural apostó por emigrar a las grandes ciudades

perfildaniel

Daniel Marín nace en Hellín (Albacete), en el año 1932. Tras la Guerra Civil Española y el final de la II República su padre fue encarcelado por la Falange, a él lo bautizaron forzosamente delante de todo el pueblo, y tras soportar por varios años la crisis de un país en postguerra, finalmente emigró en busca de una vida mejor. Hoy es un anciano viudo, de una dicha incuestionable, y con ganas de relatar sus vivencias.

PREGUNTA: Usted nació poco antes de que terminase la II República.

RESPUESTA: Sí. Mi padre estaba en la cárcel por asuntos de política, había sido teniente alcalde del pueblo. Y allí no hubo nada que se pudiera justificar de lo que ellos hicieron, de ninguna de las maneras, por que no pasó nada. Una vez la guerra terminada hicieron ellos lo que les dio la gana.

P.: ¿Qué recuerda de su infancia?

R.: Cuando yo tenía once años mi padre todavía estaba en la cárcel. Y a mí me cristianaron por narices. Después de medio año dándome prácticas para aprender tos los catecismos, tol catecismo. Tuve que ir. Luego, pues, llegó una primavera que, que sería de cuanto… del cuarenta y seis o siete sería. Y ya me bautizaron, y ya está.

P.: ¿Entonces fue un bautismo forzado?

R.: De mi familia no vino nadie. Eran los cuatro que tenían que andar, los de la Falange, y poco más, el alcalde y el cura. Y el juez que también era del pueblo. Y fue forzado, porque mi familia decía que yo estaba bautizao. Y ellos dijeron que no. Y en cambio, había más pequeños que yo, que estaban bautizados, por que habían nacido en la República, pero ya varios años con la República. Y a mí, pues había que dar ejemplo en la casa, ya te digo. Y luego pues me bautizaron un domingo allí, ante todo el pueblo, y quedaron muy tranquilos y muy… [risas] Ya habían hecho lo que querían, y nada más.

P.: Todo indica que su familia debía vivir del campo.

R.: Sólo del campo, y lo poco que teníamos. Un poco de viña que había, y el aceite. Y uno se vendía para comprar ropa, o se quedaba por allí un poco para comer nosotros. Algunos años criábamos algún gorrinito, y se repartía luego para cuando se iba a trabajar al campo. Luego ya nos fuimos haciendo grandes, y ya salimos a trabajar fuera, por que yo estuve por to La Mancha segando. Me bajé dos o tres años a Sollana, de allí a Valencia, a trillar arroz. Y después ya me metí en veinte años y fui a la mili a Valencia, al 20 Guadalajara, e hice las instrucciones en Paterna.

P.: Era usted muy joven cuando se declaró la guerra en España ¿Conserva algún recuerdo del comienzo de la guerra?

R.: Me acuerdo que jugábamos a la salida del pueblo, y que venían los autocares, y otras veces un camión, y se iban llevando las quintas. Se llevaban veinte a lo mejor un día, o cuarenta. Y en un día o dos íbamos allí los muchachos, y nosotros nos lo tomábamos como un juego, y allí las mujeres y toda la gente mayor llorando por que se iban a la guerra.

P.: No vivió entonces ninguna etapa trágica este sentido o de violencia directa.

R.: No hubo violencia nunca. Lo que hubo ya de violencia fue en la guerra terminada. Por que metieron a toda aquella gente, a todos los más mayores que ya no fueron a la guerra ni nada por las edades, los metieron a casi todos en la cárcel.

P.: El 1 de abril de 1939 se declara la victoria de los sublevados y la guerra termina. ¿Qué ambiente se respira en España en ese momento? 

R.: Pues malamente. Porque entonces ya se había perdido toda la esperanza del pueblo. Por que to el mundo pensaba con aquello de los maquis y todo eso la guerra podía dar un golpe, y un cambio, y tal y cuantos. Pero no. No, no hubo cambio ninguno, y por allí no se respiraba la cosa bien. Y luego reventó la europea y todavía peor…

P.: ¿Qué me puede decir sobre la educación?

R.: Allí había una escuela que había sido pública en los años de República, que la había montado una familia que eran ingleses, y eso en cuanto se cayó el 19, como tú dices, aquello cayó en manos de ellos, aquello lo destruyeron y no la metió ya nadie en la cárcel porque aquella gente con Inglaterra no se podían meter. Pero le hicieron paralizar aquello y se ha terminado el cuento. Y luego había en la iglesia, osea allí cerca, había otra iglesia que la llevaba la religión católica, e iban, pero allí no enseñaban nada. Allí jugaban y les daban un cartoncito de leche en polvo. Echaban allí en un vasito a cada uno, y hacerles cantar el Cara al sol cuando le diera la gana a todos los críos y enseñaban a rezar y todo. Pero aprender, en aquella escuela, no aprendió nadie [risas].

P.: Hablemos de su viaje. ¿Cuándo estuvo seguro de abandonar su tierra y viajar en busca de algo mejor?

R.: Decidí venir a Mallorca a buscar trabajo y encontré mucho mejor aquí que allí, y ya me quedé aquí, y aquí estoy. Osea que llevo cincuenta y seis años aquí, que no son tres días. Me decidí cuando terminé la mili, me fui para allá en mayo y el día de los santos ya estaba yo aquí en Palma. Osea que estuve por allí el verano, estaba mi madre la pobre y <<no os vayáis, que la cosa cambia >>, <<y qué cambia, cambia, aquí, cambia pero para peor…>> [risas]. Para peor, fíjate. Y la mitad, yo sé que mucha gente de allí no nos daban un jornal, porque no querían, se lo daban a otro. Allí la mitad de los que había se tuvieron que ir fuera.

P.: ¿Qué recuerda sobre su vida en aquella época?

R.: Pues estupendo. Estaba yo nada más en casa, y en el bar de al lado, y siempre venían a buscarme. Una vez vino la Mari, que debía tener ya unos ocho años, y la Asun seis. La habían vestido de carnaval, y yo estaba allí en el bar. La Asun quería que yo la viera, y la Mari no quería dejarle entrar al bar. Y tocan por el cristal y miro y digo <<¡eh qué pasa ahí!>> y la otra la cogía <<no, vamos, que nos vamos>> y cuando hace así <<nos vamos>> se le escapó y se metió corriendo y me dio un besito más contenta que unas pascuas. Ella venía aposta para que yo la viera… Y se le escapó, engañó a la Mari, se le escapó abajo el brazo, entró. Le dije al del bar que les diera cuatro chucherías por allí, y siempre estuve yo por allí con las nenas. Estuve yo más bien que la puñeta.

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