Leyendas NBA: Shaquille O’Neal


| REPORTAJE |

215 centímetros. Entre 120 y 140 kilos. En su expresión facial, unas veces mirada desafiante y seria, otras la sonrisa de quien se sabe superior al resto. Dominante en la pista y bufón fuera de ella, en sus enormes manos reposan 4 anillos de campeón de la NBA, conseguidos a base de dominar los tableros de la liga durante años

Shaq-Diesel

Esta breve descripción no corresponde a otra persona que a Shaquille O’Neal, unánimemente reconocido como el pívot más dominador de los últimos tiempos, y que ha servido de inspiración para muchos que hoy quieren ser como él, al igual que Shaq creció idolatrando a Hakeem Olajuwon.

Prácticamente al mismo nivel que dominaba la cancha, hacía lo propio con todo lo que la rodeaba, siendo los micrófonos de las salas de prensa su particular tablero, donde a base de frases y declaraciones mantenía el espectáculo a la par que saciaba su ego de 2’15 metros y 120 kilos. No es un crítica, sino un reconocimiento a un jugador inusual que si no hubiera sido como fue, no habría alcanzado el estatus que hoy ostenta, al menos fuera de las canchas.

Críticas aparte, en la pista no había margen para la duda. Desde el momento en que puso un pie en la NBA drafteado por los Orlando Magic y capturó 18 rebotes en el primer partido, se supo que aquel enorme chico de 20 años iba a provocar un nuevo orden en la liga.  Todo un ganador nato, quien delante de un micrófono llego a soltar que “cuando gano un partido siento la misma sensación de placer que puede sentir un hombre que se acueste con Serena Williams”. De acuerdo o no con estas declaraciones, Shaq abusó en la zona  para alzarse con el Rookie del año y en las dos temporadas siguientes llevar por primera vez a Orlando a unos Playoffs y a unas finales de conferencia.

Sus números en la NBA crecieron, a la par que el número de apodos con los que se iba autonombrando, tales como ShaqAttack, Diesel, Big Cactus, Superman o el Gran Aristóteles. En sus propias palabras, dijo que “me gustaría que la gente se refiriese a mí como El Gran Aristóteles porque Aristóteles dijo una vez que la excelencia no es un acto singular sino un hábito y tu eres lo que haces repetidamente”.

Con varios apodos ya en su lista, O’neal abandonó Orlando para hacer escala en Los Ángeles, de la mano de Kobe y sus Lakers. Sin duda, aquí se produjeron los mejores años de Shaq en todos los sentidos, ya fuera en la pista o en la sala de prensa. Bien es cierto que el inicio no fue bueno, tras 3 años sin ganar nada, pero los Lakers dieron un salto de calidad tras la llegada de Phil Jackson que les catapultó directamente al anillo de campeones, el primero para El Gran Aristóteles. Éste, tras la consecución del título dio su clave sobre el método para alcanzar el trofeo: ” Sencillo, han dado de comer al perro grande y el perro pequeño también ha recibido algo. Los perros grandes marcan el territorio”.

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Tras este título llegaron dos más, que lejos de crear un vestuario unido y armónico, se fue dividiendo, especialmente entre sus dos estrellas, Shaq y Kobe. Tras unas declaraciones del escolta angelino acusando al pívot de estar en baja forma y fingir una lesión, O’neal respondió, tal y como él asegura en su autobiografía, que lo iba a matar. Evidentemente, la situación se transformó en tal tensión que Shaq tuvo que hacer las maletas, abandonar Hollywood y aterrizar en Miami, donde Pat Riley y un joven Dwyane Wade le esperaban con los brazos abiertos.

Nada más llegar, en su presentación, Shaq hizo una promesa: “hacedme caso con esto que os digo: prometo que voy a traer un título a Miami”. No a la primera, pero sí a la segunda, los Heat se hicieron con el primer anillo de la historia de la franquicia, pasando por encima de los Dallas Mavericks tras perder los primeros dos partidos de las finales. Tras la consecución de su cuarto anillo, Shaq comenzó con los problemas físicos que acabarían lastrando su carrera, casi obligándole a salir de Miami tras una campaña con muy pocos partidos jugados. Él mismo, al finalizar la temporada, aseguró que “el año pasado estuve a un nivel terrícola, he de volver a ser el viejo Shaq, he de volver a mis raices alienígenas”

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Todo esto no impidió que siguiera dejando perlas para la prensa. Por ejemplo, llegó a asegurar que “si tuviera que defenderme a mí mismo sería incapaz, me iría a casa y fingiría una lesión”. También, en un alarde de narcisismo, aseguró a su mujer que “soy la Halle Berry de la NBA, todo el mundo me quiere”.

Tras abandonar Miami, pasó una temporada por los Suns y otra por los Cavaliers, donde trató de conseguir un título con Lebron al igual que había hecho anteriormente con Wade. Sin embargo, ambos proyectos fueron fallidos y se trasladó a Boston en busca del anillo que completara todos los dedos de su mano derecha. Ya por última vez, fracasó en su empeño, principalmente porque las lesiones se cebaron con el pívot.

Así, tan peculiar como siempre, al acabar la temporada anunció su retirada vía Tout y Twitter. Días antes de retirarse, hizo una última advertencia, amenazando con que  “cuando me retire, mi legado estará ahí, a no ser que vosotros los terrícolas os empeñéis en borrarlo”.

Y efectivamente, su legado comprende ni más ni menos que 4 anillos, 15 AllStars, donde era el principal animador (y sino vean), 1 MVP, 1 Rookie del año, 3 MVP de las finales y un oro olímpico. El premio del que seguro está menos orgulloso, aunque le consuela que sea ficticio, es el de peor tirador de tiros libres de los últimos tiempos (5.317  fallados, sólo superado por Wilt Chamberlain). Algo que al parecer no le preocupaba, ya que cuando le preguntaban al respecto saltaba con un “sí, fallo tiros libres, pero es que no puedo hacerlo todo bien”

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Más allá de la pista, ha coleccionado declaraciones, ha compuesto discos de rap, posee un videojuego propio e incluso ha presentado su propio programa de televisión. Ahora, se dedica a comentar partidos para la televisión estadounidense junto a Charles Barkley, formando una de las parejas más divertidas de la pequeña pantalla.

Para cerrar este homenaje a Shaq, una que resume perfectamente lo que ha sido dentro y fuera de la cancha. Bajo su conocido artículo 34, aseguró que “Hago lo que quiero, cuando quiero y como me da la gana”. Amén.

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Categorías:Baloncesto, Deportes

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