El deportista del año 2012: Lebron James


| REPORTAJE |

El Ave Fénix, animal mitológico protagonista en varias culturas y religiones, es un animal cuya principal virtud es la inmortalidad. Una condición que alcanza cuando tras poner un huevo, éste arde a los tres días y queda reducido a cenizas. Momento en que el Ave Fénix renace de ellas para perpetuarse en la historia de la vida.

Como si de un personaje sagrado se tratase, Lebron James terminó la temporada 2011 convertido en cenizas. Había sido protagonista meses atrás de un espectáculo mediático sin precedentes en el que, a través de un programa de televisión nacional de prime time, James desveló al mundo que abandonaba la disciplina de los Cavs para como él mismo dijo, “llevar mi talento a South Beach, Miami”.

Su nivel de popularidad, hasta el momento siempre por las nubes, bajó drásticamente para pasar a ser el hombre más odiado de la NBA y blanco de la aversión de los fans. Con este ruido de fondo, se plantó en las finales ante los Dallas Mavericks de Dirk Nowitzki, quienes se llevaron el campeonato sin dar opciones a los Heat. En las series, Lebron estuvo a un nivel bajo, siendo devorado por la presión que le señaló como el principal culpable del batacazo en las Finales.

lebron finales

Se recluyó dos semanas al margen de todo el mundo, tan sólo acompañado de su mujer e hijos. Dos semanas en las que no se dejó ver por ningún lado e incluso dejó cubrir su rostro de una poblada barba. Tras esta reclusión, Lebron tomó una determinación. Quería ser mejor jugador y sobre todo mejor persona. Tras un verano en el que multiplicó su trabajo habitual y se prodigó en lavar su imagen pública, James estaba dispuesto a comenzar la temporada 2011-2012 con ganas de comerse el mundo. Los objetivos eran claros, el anillo de campeón y la medalla de oro olímpica. El camino hacia un gran año no hacía más que dar el pistoletazo de salida.

Su particular 2012 empezaba el 25 de diciembre, a causa del consabido lockout, con un remember de las finales perdidas ante unos Mavericks que habían cambiado su imagen tras el triunfo obtenido y que prácticamente pusieron fin a una era una vez tenían el preciado anillo. La temporada discurría como otra cualquiera aunque con la diferencia de un duro calendario comprimido en el tiempo. Los partidos se sucedían, las bajas por acumulación de partidos estaban a la orden del día en las plantillas NBA. No así en Lebron James, quien vió como el resto del Big Three sucumbía a las lesiones mientras él ni pisaba el banquillo.

Evolucionó en su juego haciéndolo más efectivo, presentando el mejor porcentaje de tiro de su carrera con un 53%, aunque ahí no pudimos apreciar su mayor cambio. La clave de la temporada de Lebron tuvo lugar cuando, a causa de las continuas bajas de Chris Bosh y el perenne problema del pívot en Miami, James comenzó a jugar más pegado a la zona que nunca. El puesto de cuatro pasó a ser cosa suya, relegando a Bosh al 5. Éste simple movimiento convirtió a los Heat en el equipo del Small Ball, y a Lebron en su icono. La clave del sistema, la versatilidad, aspecto en el que el jugador de Akron es el auténtico elegido.

Las cifras de la temporada no engañaban a nadie. 27’1 puntos, 7’9 rebotes y 6’2 asistencias que le valían a periodistas y aficionados de la NBA para nombrarle como MVP, por delante de Kevin Durant, amigo íntimo y principal adversario por el cetro mundial. En ningún momento James ha escondido que cada noche siempre mira lo que ha hecho “Durantula” para intentar superarle a la noche siguiente.

A medida que pasaba la temporada, el ruido de fondo que acompañaba a Lebron desde el fatídico programa “The Decision” cesaba ante cada exhibición de poder. Sin embargo, el jugador no es de piedra y en una entrevista concedida a Rachel Nichols, hablaba de cómo le había afectado aquella situación.

“Estar en el otro lado, lo que llaman el lado oscuro y ser el villano, realmente me estaba superando. Me convirtieron en algo que no era. Yo no soy esa persona”. Lebron James

La temporada echó el cierre, Lebron había sido MVP por tercera vez en su carrera y Miami Heat partía como máximo aspirante al trono que Dallas no parecía que fuera a defender como antaño. La historia era prácticamente similar a la del año anterior, salvo por un cambio en la mentalidad de Lebron que sería otra de las claves para la victoria final. Desde el momento en que echaron a andar los Playoffs, James, muy activo en las redes sociales, dejó de usarlas y se apartó del teléfono móvil lo máximo posible. Las críticas resbalaban sobre él y se centró en potenciar uno de sus hobbies “secretos”: la lectura.

La postemporada fue un camino de altibajos para el equipo pero no así para King James, quien lideró a los Heat con 30 puntos, 9’7 rebotes y 5’6 asistencias. Números al alcance de muy pocos jugadores a lo largo de la historia de la liga. Los rivales se iban sucediendo: unos Knicks que no fueron oposición, unos rocosos pero inexpertos Pacers y los inmortales Celtics del Big Three, quienes a la postre fueron sin duda los rivales más duros en el camino. Por el itinerario, actuaciones que quedaron grabadas en la retina de los espectadores, como los 40 puntos, 18 rebotes y 9 asistencias ante los Pacers o los 45 puntos, 15 rebotes y 5 asistencias del Lebron más desafiante de la temporada contra los Celtics.

La última parada, unos Thunder que venían con la vitola de favoritos tras aplastar a sus rivales de conferencia. La supuesta superioridad de Oklahoma quedó sepultada bajo el saber hacer de Miami, quien amaestrado por el Lebron más sabio de la temporada se impuso por un claro 4-2. El último partido quedará para la historia, ya que James se despidió con 26 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias. Tim Duncan, Larry Bird, James Worthy y Magic Johnson observaban como el genio de Akron se unía con total merecimiento a su selecto club. “Triple double don’t lie” tuiteaba Greg Monroe.

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Lebron James alcanzó su sueño, se coronó como campeón de la NBA y fue nombrado más que merecidamente MVP de las finales. Ponía así fin a una temporada perfecta en la que pulió defectos del pasado y se hizo más fuerte a base de golpes. Pero la misión no había terminado. Dos objetivos habían sido puestos en su mente, y sólo uno se había cumplido. La medalla de oro olímpica era la última etapa de una carrera que sólo podía acabar en lo alto del podio londinense. Era una cuestión entre James y Jordan, quien hasta este verano había sido el único en ganar en el mismo año el MVP, el anillo de campeón de la NBA, el MVP de las Finales y la medalla olímpica. El reto era mayúsculo, pero la motivación superior.

Por otra parte, la admiración del mundo del baloncesto era unánime, el odio comenzaba a ser cosa del pasado y sus detractores se empezaron a quedar sin argumentos tras la consecución de la corona.

“En la historia moderna de la liga, las únicas temporadas comparables a la de Lebron fueron la campaña en que Shaquille O’Neal ganó su primer campeonato con los Lakers y cuando Michael Jordan ganó sus tres primeros campeonatos con los Bulls. El resto es de una magnitud inferior. No sólo ha sido el mejor jugador de la liga, sino que la ha dominado de principio a fin como sólo tres jugadores lo han hecho en las cuatro últimas décadas: Jordan, Shaq y Lebron. Ésa es la lista.” John Hollinger (Analista de la ESPN)

Con la resaca del campeonato y la acumulación de minutos en sus piernas, Lebron llegaba a los Juegos Olímpicos como una de las principales atracciones tras su reciente título. Pero aquí su papel no fue el de salvador, sino el de un jugador importante en un grupo de grandes estrellas. Durant, Anthony y Bryant, por citar a algunos, pasaron a ser sus compañeros. James, haciendo uso de su versatilidad y su bajo ego cumplió un papel menos protagonista, cediendo más terreno tanto a Kevin Durant como a Carmelo Anthony. Salvo momentos puntuales en los que tiró de galones, no destacó sobremanera en ningún partido. Sin embargo, fue suficiente para imponerse en una ajustada final al combinado español y alcanzar la cima del deporte mundial. Por el camino, un triple doble de 11 puntos, 14 rebotes y 12 asistencias ante Australia, algo inédito en el baloncesto olímpico.

London 2012 - final day 16

James cerraba así una temporada de ensueño. MVP de la temporada y de las finales, campeón de la NBA y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012. El recuerdo de la final perdida el año anterior fue el trampolín que acabó con el exitoso cierre de las olimpiadas. Cual Ave Fénix, Lebron Raymond James se convirtió en cenizas en 2011 para renacer en un 2012 majestuoso, en el que ganó todo lo que se le puso delante y grabó su inmortalidad en las páginas de la historia del deporte.

Hasta aquí el alegato para el mejor deportista del año. Porque es él. El único. El Rey. EL ELEGIDO.

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Categorías:Baloncesto, Deportes

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