Honor a quien honor merece, señor José


| OPINIÓN |

En estas fechas tan señaladas, en las que entran en contacto el cariño y el amor por la familia, así como la, siempre supuesta, paz que estas reuniones generan, me encantaría mandar un mensaje al entrenador del Real Madrid:

El respeto se gana, no se compra. Es una de las bases con las que día a día las personas se mueven por el mundo. El respeto, la confianza y la credibilidad son los elementos intangibles que pueden ayudar o frenar su carrera. El respeto no debe convertirse en un objetivo y se debe ver como una imagen que se proyecta, que se gana y no se merece. La confianza es un ejercicio cotidiano de construcción colectiva, pues no se puede generar confianza en un grupo o individuo que no la proyecta. La credibilidad es la consecuencia de las dos anteriores y del cumplimiento de los compromisos, sin reparar en el tamaño que este implique. Y esto en el fútbol, no iba a ser menos.

El entrenador del Real Madrid, José Mourinho, en su afán por ser el centro de atención del Universo futbolístico y como imagen exacerbada del alter ego madridista, volvió a dar un nuevo giro de tuerca en su relación, bastante desgastada, con el madridismo de cuna. El madridismo de Alfredo Di Stéfano, Puskas y Gento. El madridismo de Butragueño, Míchel o Raúl González Blanco. El madridismo de los valores, de los cuales su histórico himno bien hace gala, ‘’enemigo en la contienda, cuando pierde da la mano, sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano’’. El madridismo, sí, de Iker Casillas.

El portugués suele preguntarse, con una sorna cada vez más irrisoria, quién son ciertos personajes del mundo del fútbol. Primero lo hizo con Tito Vilanova y posteriormente con Germán Burgos. E incluso, con una superioridad insultante y sin ninguna vergüenza torera, afirmó que si se iba del Madrid ‘’nunca entrenaría al Málaga’’, como así hizo Manuel Pellegrini. Una falta de respeto a un compañero de profesión y sobre todo a una afición que, en la última jornada, le devolvieron sus palabras una a una como más gusta, en plato frío.

Pero no es a la única afición que falta el respeto. Sin ir más lejos, la suya propia, cegada por un dictador que se ensaña con el eterno rival en ridículas ruedas de prensa, ha sido señalada en más de una ocasión. Como si el Real Madrid fuera suyo y como si todo lo que le rodea le perteneciese, José Mourinho llegó a decir, en un discurso ortodoxo y de mandamás, que en el club existían madridistas disfrazados. Esos que no están con él y sus decisiones. Con él y sus errores. Con él, con él, con él. Esos a los que, pese a nuestra falta de ideas, solemos llamar ‘madridistas’.

Se ha peleado con propios y extraños. Ha agredido a un entrenador rival. Ha menospreciado a gente de la casa. No vamos a meternos en ese terreno, que cada cual recuerde lo que Mister Mou ha hecho. Pero si algo está claro es que ha instaurado un odio tremebundo hacia el Real Madrid. De la España no madridista. Ese odio, acrecentado por sus desplantes a la prensa, sus puntadas sin hilo o su curiosa forma de creerse el rey del mambo. ‘’No me considero el mejor del mundo pero no hay nadie mejor que yo’’.

Su último desplante, inadmisible por tratarse de quien se trata, debería, como mínimo, permitir a cierto sector de su club que le ha perdonado mil y un errores, quitarse la venda definitivamente. Hay héroes, señor José, con los que no se puede jugar. Y uno de ellos es Iker. Dejando en un trasfondo su suplencia, todo esto tiene tintes más oscuros.

Es un entrenador que no ha respetado al capitán del considerado mejor club del siglo XX y ganador de 5 Ligas, 4 Supercopas, 1 Copa, 2 Champions League, 1 Copa Intercontinental, 1 Supercopa de Europa, 2 Eurocopas y 1 Mundial de selecciones. Así como el Premio Príncipe de Asturias de 2012 junto a su amigo Xavi. Inadmisible.

Con todo esto y con más, se me ocurre lanzar una pregunta al aire. ¿Este es el Real Madrid que de verdad quieren sus aficionados? Toca reflexionar.

La historia de Mourinho en Chamartín se acabará. La historia del Real Madrid con Iker Casillas perdurará para siempre. Porque el mejor portero del mundo ya es leyenda. Porque en España es querido por todos. Y porque honor a quien honor merece, señor Mourinho. Y usted, eso lo perdió hace mucho tiempo. Feliz Navidad, ‘LLosé’.

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Categorías:Deportes, Fútbol, Opinión

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