Un sofá para Jeremy Lin


Dicen que la casa está donde el corazón, y el corazón de Jeremy Lin puede estar físicamente en Houston, aunque realmente se encuentre alojado allá por Times Square, en el majestuoso Madison Square Garden. Lugar del que, al parecer, nunca debió salir.

Meses después de su fulgurante aparición, de cuando hizo realidad la historia de la Cenicienta para convertirse de la noche a la mañana en estrella NBA, Lin ya no es el mismo. Él mismo dijo en su día que “yo quería seguir en Nueva York”. Y Nueva York también quería que siguiera Lin. Pero la NBA es un negocio, y cuando hay dinero de por medio, los sentimientos quedan totalmente de lado y el color verde dólar se convierte en amo y señor de todas las acciones.

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El poderoso caballero Don Dinero se presentó desde Texas a las puertas de Jeremy Lin, esa inesperada estrella en el firmamento NBA. Ese que pasó de vivir en un sofá, a poder pagarse el más caro del mundo. 25 millones en 3 años era la oferta. Los Knicks, ante tan mareante cifra y pensando en todo lo negativo que podría traer un contrato de tales características, puso por primera vez en varios años una nota de cordura a su gestión y desestimó igualar la propuesta de los Rockets. Era realidad, la Linsanity que había nacido, crecido y se había reproducido exponencialmente en Nueva York hasta convertirse en un fenómeno global abandonaba la ciudad para poner rumbo a la Costa Oeste.

Las dudas asaltaron entonces a los Knicks, quienes realizaron el traspaso pero siempre tuvieron la duda de si habían dejado escapar a una estrella fugaz o a la Osa Mayor. Tiempo después, consumado el traspaso y con cada una de las dos partes haciendo su nueva vida, los meses parecen haber dado la razón a la franquicia neoyorquina.

Los New York Knicks firmaron a Raymond Felton, a Jason Kidd y a Pablo Prigioni. El primero, el verdadero sustituto de Lin en la Gran Manzana, promedia en esta temporada 16’2 puntos y 6’7 asistencias. Por su parte, el base de origen taiwanés suma 11’3 puntos y 6 pases de canasta por noche. Números sensiblemente menores a los que logró en plena Linsanity y que han hecho que los directivos Knicks puedan respirar algo aliviados.

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Respiraron aliviados, pero sólo hasta el pasado lunes. Jeremy Lin tiene un lugar grabado a fuego en el corazón, y no es otro que el Madison Square Garden. Allí le vuelve a rodear esa aura especial que lo convierte en un jugador distinto, de los que hacen daño, de los que ganan partidos. Tal vez por venganza, por demostrar a una afición que todavía le quiere su cariño mutuo, o simplemente porque es su territorio, Lin llevó al equipo que le paga a la victoria con 22 puntos y ocho asistencias, rememorando sus grandes noches de antaño. Aquellas en las que  el eterno Spike Lee le observaba con orgullo.

Ahora las cosas han cambiado, el legendario director le sigue teniendo aprecio, aunque mucho menor que al equipo del que es fan número uno. El debate instaurado en la NBA es claro, todo el mundo se pregunta si los mejores días de Jeremy Lin en la liga tuvieron lugar en Febrero de 2012.

Lo único claro es que Lin es hombre de una casa, esa está en Nueva York y siempre querrá volver a ella. Aunque vuelva a dormir en el sofá de Landry Fields.

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Categorías:Baloncesto, Deportes

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1 respuesta

  1. Desde mi punto de vista, creo que los Knicks no se equivocaron al dejarle marchar. Tal vez este año no sea muy evidente, pero ganara 15 millones (!) de dólares en su último año de contrato y puede suponer una losa muy difícil de levantar para Houston (lesiones, bajo rendimiento …). No quiero decir que sea mal jugador, en absoluto, pero si que ha logrado firmar ese contrato básicamente por el “hype” creado en NY (recordemos que no jugó ni 40 partidos, ¿que hubiese pasado si hubiese jugado para Utah?) y porque es el único jugador asiático en la liga en estos momentos. Casualmente, Houston, como ciudad, tiene una comunidad asiática muy importante y ha tenido el equipo de baloncesto ligado a China desde la incorporación de Yao Ming. Como negocio, pueden obtener muchos beneficios, pero en lo deportivo, me parece un riesgo enorme y que puede hipotecar las posibilidades de reconstrucción del equipo. ¿Anillo o dinero? Esa pregunta también se la podríamos hacer a los gestores de los equipos.

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