Desde Nueva York a lo más profundo de México


| CRÍTICA |

Tras conseguir un premio de la crítica en Cannes y una nominación al mejor director en el festival neoyorkino de Gotham, el madrileño Antonio Méndez Esparza estrena en nuestro país su primer largometraje Aquí y Allá.

La película parte de una historia realmente interesante y jugosa. Pedro, que tuvo que abandonar a su familia en México para irse a Nueva York en busca de una oportunidad laboral, regresa años después a su tierra, con unas hijas ya crecidas y una mujer desatendida durante mucho tiempo, pero con la esperanza de volver a estar unidos mientras se vuelca en cumplir su sueño: formar un grupo de música con los ahorros conseguidos para poder establecerse finalmente en México.

Con esta base, no parece muy complicado captar la atención del espectador y despertar sus sentimientos. Pero todavía no se anticipe. Méndez Esparza no ha filmado un largometraje convencional. Para entender la película y la intención de su autor, es necesario conocer algunos detalles más sobre este proyecto.

En el año 2010, el director madrileño decidió terminar sus estudios de cine en Nueva York elaborando una serie de cortos en la que quiso contar con el apoyo de actores no profesionales, entre ellos, Pedro de los Santos, el protagonista de Aquí y Allá. Sería este actor quien inspirase con su vuelta a México el guión escrito por Antonio Méndez, ya que la historia que cuenta es precisamente la suya. La intención de Méndez con su film es relatar de la manera más realista posible lo que fue la vuelta de Pedro al llegar a su país y qué mejor manera de ceñirse a la realidad que contar con un actor que ha vivido exactamente la situación que interpreta. Lo inusual del reparto no se queda aquí. La mujer de Pedro de los Santos en el film, Teresa Ramírez Aguirre, es también su mujer en la realidad y el resto del actores fue igualmente seleccionado entre personas sin experiencia en México.

Con esta base, nos adentramos en un film que ya desde el principio rompe con una estructura narrativa tradicional al estar dividido en cuatro capítulos. Continuando con este camino de ruptura, el largometraje deja en muchas ocasiones la trama a un lado, centrándose más en los pequeños detalles de la convivencia familiar que en el avance de la propia historia. Así la película pretende que el espectador se convierta en un “testigo invisible”, como su propio director ha dicho en alguna entrevista, de lo que sucede en la intimidad de una familia enfrentada con el triste problema de la emigración. Esta intención acaba siendo al final uno de los inconvenientes principales que tiene la película para conectar con el público.

Si bien es cierto que Méndez consigue crear una experiencia cinematográfica con pocos precedentes, la atención del espectador acaba perdiéndose ante la duda sobre si se trata de cine de verdad o se está asistiendo a la proyección de un documental. La sensación de cercanía que el director pretende dar en todo momento depende en su mayoría de largas conversaciones espontáneas en las que se dio libertad a los actores para expresar la situación planteada de manera personal. Este hecho supone un riesgo demasiado grande a la hora de hacer cine, ya que no todo lo que se dice con naturalidad aparece con brillantez proyectado en una pantalla.

En este sentido la cinta se muestra demasiado permisiva con el montaje, ya que deja lugar a algunos diálogos que no sólo se apartan de la trama, si no que en ocasiones no parecen tener ningún valor narrativo. Por culpa de ello la película pierde ritmo y consistencia, lo cual es una pena ya que algunas secuencias llegan a despertar sentimientos en el espectador y dan fe de que el modo de rodar del director madrileño puede sacar algunos resultados muy interesantes.

Es posible que si se hubiesen dedicado más minutos a la parte de la trama que tenía que ver con las aspiraciones musicales del protagonista, el espectador se sintiese más cerca de la historia de Pedro, ya que es en estas secuencias donde la película parece encontrarse mucho más cómoda.

Un factor que si resulta positivo en la cinta es la fotografía, a cargo del rumano Barbu Balasoiu. Los planos son tomados con total desnudez, con una cámara situada como espectador cercano del drama y con una composición muy lograda, lo que encaja a la perfección con el tono realista de la película.

El debut del madrileño en la gran pantalla, nos deja con una sensación agridulce, ya que aunque en esta película no parece que vaya a encontrar el favor del público, la valentía a la hora de embarcarse en este proyecto y algunos momentos de la película parecen intuir que la carrera de Antonio Méndez Esparza puede evolucionar favorablemente en sus próximos trabajos.

aquí y allá

Anuncios


Categorías:Cultura

Etiquetas:, , ,

Déjanos tu opinión

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: