El legado ‘del Pep’


article-2242725-1657E559000005DC-748_468x317Gafas de sol, gorra y Daikiri en mano. Así me imagino a Josep Guardiola en las Américas. Disfrutando de un descanso más que merecido. 14 títulos como 14 soles. Mientras, al otro lado del charco, en la Europa en crisis, medio continente se pega por disponer de sus servicios la próxima temporada. Todos le quieren, todos le añoran y todos sueñan con poder darle lo que pide.

En Camp Barça le veneran, pero Tito está empeñado en que no le echen de menos. En la Ciudad Condal perdura el legado de Johan Cruyff, y ahora también el de Pep. Un legado en forma de claves que han permitido al F.C.Barcelona ser un club admirado y respetado cuando de FÚTBOL hablamos. Y es que no hay que olvidar cuánto se le debe a Guardiola el que hoy el Barça vaya de récord en récord.

‘’Necesito vivir más cosas ahora’’.

Pep Guardiola no se olvidó de lo que era en ningún momento. Por encima de un entrenador de fútbol, era una persona. Y así lo hizo valorar en los 4 años en los que estuvo en la casa blaugrana. Su tesis de vida era clara, nunca la escondió. Dejaría el banquillo cuando no se sintiese capacitado para continuar, cuando necesitase ‘’llenarse’’ de tanto vacío. Y así lo hizo.

Podría haber engañado a todo el mundo, haber continuado en un equipo campeón y haber seguido triunfando. Pero eso, con Josep, no va. Necesitaba aprender, evolucionar en algo que ya conoce y respirar nuevos aires para reforzar una mentalidad y unos valores que ya posee.

Así es él. Una persona que ha devuelto los valores a un deporte en el que escaseaban. Con el dinero y el ‘ganar por lo civil o lo criminal’, el fútbol politizado se ha convertido en una marioneta de aquellos que sólo lo ven como un negocio. Pep nos recordó que esto es un juego, del que muchos disfrutan y por el que muchos se desviven.

El de Santpedor ha aplicado su aptitud y su actitud a un club que necesitaba de alguien como él para convertirse en algo que ahora puede ser, el mejor club del mundo. Respetado, admirado y envidiado. Cuando el fútbol toma la bandera y se deja atrás la política y la crispación.

Alumno aventajado de los mayores maestros del fútbol.

Esta doctrina deportiva puede ser tan aplicable al caso de Pep Guardiola como al del mismo Barcelona. Todo lo que hoy conocemos del club, La Masía, el toque, el buen juego, la presión, la calidad, los goles, los roles y las victorias, son anteriores al entrenador catalán. Anteriores también a Frank Rijkaard y anteriores a Louis Van Gaal. Vienen de finales de los 80 y principios de los 90. Del Barça de Johan Cruyff, del Dream Team. Y sí, allí ya estaba un joven Pep Guardiola. Ya era miembro de ese mecanismo complejo que ahora parece una orquestaa sinfónica moviéndose al compás de los Xavi, Iniesta o Messi.

Él entrenaba, jugaba pero también escuchaba y aprendía. Era un alumno aventajado además de un soberbio futbolista. Todo lo que aprendió lo ha puesto de manifiesto en el club de sus amores. A esa orquesta que sonaba a las mil maravillas le ha ido añadiendo instrumentos que han hecho de un sonido perfecto, algo pluscuamperfecto.

Esta es la mejor manera de pasar de alumno a profesor. Ser agradecido y entusiasta con lo que realizas acaba convirtiéndote en eterno. Ahora pasa el relevo a su compañero y amigo Tito Vilanova. Y esa orquesta sigue generando sonidos puros y gloriosos para el oído, ¡qué orquesta!

La humildad como valor de valores.

Siempre ha defendido que sus acciones son meros hechos para generar su historia, una historia propia. No ha querido pasar a la historia como el mejor entrenador de nada, ni como el que más títulos ha ganado como entrenador, ni como aquel que no ha perdido nunca en el Santiago Bernabéu. Quería escribir SU historia. Nunca ha querido un homenaje.

Que en su primer año lograse ganar un pleno histórico de títulos (6) y en sus otros tres años consiguiese ganar 8 más, lejos de haber convertido a Pep en un entrenador egocéntrico, vulgar y creído, lo que ha hecho es cimentar una humildad impropia para alguien con tremendos éxitos. ‘’Yo sólo soy quien les pongo, ellos son los héroes’’.

Pep Guardiola y Mourinho en el estado Santiago Bernabéu.

Pep Guardiola y Mourinho en el estadio Santiago Bernabéu.

Nunca se ha creído mejor que nadie. Y si lo ha creído, jamás lo ha dicho. El respeto como esencia y la humildad como criterio. Cualquiera le podría ganar. Desde el Real Madrid hasta el Alcoyano. No había rival fácil. Ese mimetismo cada vez que se podía escuchar al entrenador del Barcelona lograba evitar, al menos de una manera más fuerte, las decepciones, que también las ha habido, de su equipo.

El Barcelona era el eslabón de una cadena, de una bonita cadena. Impregnado de sentido y sin creerse el ombligo del mundo, lo único que buscaba era crear y soñar.

La queja no sirve para nada. Sólo la mejora es necesaria.

Para muchos, la queja no sirve para nada. Es, a fin de cuentas, una pérdida de tiempo. Uno de ellos era Guardiola. Valía más la pena focalizar el problema o el error y tratar de solucionarlo. Coger el toro por los cuernos y limarle las astas para que el daño fuera el menor posible. Y así lo hizo en sus 4 años en el banquillo del Camp Nou. En todos los ámbitos. El deportivo, el económico y el extradeportivo.

No le tembló el pulso a su llegada para cerrar la puerta a Ronaldinho y Deco, dos de los héroes de la era Rijkaard. No le importó convivir una temporada con Samuel Eto’o. Un jugador sobresaliente pero un dinamitador de vestuarios. No hubo recambios, pero le supo sacar el mayor rendimiento posible. Otro futbolista tan dinamitador como fantástico, Zlatan Ibrahimovic, también aterrizó en el Barcelona. La jugada no fue la correcta, y tuvo que salir.

Lo intentó con apuestas personales. Chigrinski fue un fracaso y a grandes males, grandes soluciones. Un año después volvió al Shakhtar. Sí tuvo más suerte con la cantera. Sergio Busquets o Pedro Rodríguez llegaron para quedarse. Tomaron galones y hoy son indispensables.

Además de lo económico y deportivo, también había que paliar las quejas extradeportivas. El destino del calendario, quiso que en dos temporadas, el Barcelona y el Real Madrid se tuvieran que enfrentar en once ocasiones. Un desgaste informativo, mental y físico demasiado elevado. Mientras en una zona llovían críticas, quejas y llantos; desde la otra trataban de salvaguardarse en Pep Guardiola. Al fútbol, lo que es futbol, que es un deporte y un juego. Los problemas mejor dejarlos fuera y las quejas y las broncas mejor dejárselas a otros.

Un problema no va a desaparecer por el mero hecho de girar la cabeza. Es mejor reconocer la importancia de cada actividad o reconocimiento para alcanzar el bienestar personal y grupal.

Intensidad y afán por la victoria.

Dirigir a un equipo plagado de estrellas cansadas de llenar su cuenta corriente de dinero y sus estanterías de títulos no es fácil. Lo difícil no era llegar a ganar los 6 títulos en una sola temporada. Lo verdaderamente complicado era mantenerse en la cresta de la ola y hacer ver a esos jugadores que con intensidad y afán por la victoria podrían pasar a la historia del fútbol. Y eso no han sido muchos los equipos que lo han logrado. Eso era lo complicado y ese es el valor que hay que darle a Pep, que se cansó antes que sus jugadores, debido a ese peso mental y físico.

Guardiola no frenaba. No miraba con vistas al futuro reservando en el presente. Tenía muy claro que el partido más importante era el del presente y su objetivo prioritario era ese. El decálogo del técnico catalán disponía de una frase de otro entrenador, Luis Aragonés ‘’ganar, ganar  y ganar’’. Ese era el objetivo. ¿Y la premisa? Hacerlo jugando bien.

La certeza de poner ganar no podía autocomplacer a la plantilla. El ánimo a esforzarse siempre permaneció vigente en Barcelona. El triunfo daba lugar a la excelencia y la derrota, para Pep, eran premios.

Una derrota era transformada por el míster en lecciones válidas para el futuro. Así fue cuando en 2009 sufrieron la eliminación de la Liga de Campeones a mano del Inter de Milán de José Mourinho. Fue una derrota dura, pero Pep sacó su lado positivo y afirmó con rotundidad ante todo el estadio que a los aficionados les debían una, ‘’y estos no fallan’’. Y así fue. La temporada siguiente fueron campeonísimos de Europa ante el Manchester United.

Cuando todo está ganado y queda más por ganar, el fallo y el error son los premios que la vida te da para saber ganarlo bien.

El pedir perdón, de sabios es.

Reconocer que Pep Guardiola en sus 4 años ha mantenido una templanza y una visión de cara al exterior fantástica no quita para que haya cometido sus errores o haya tenido que salir al quite por alguno de los suyos. Errar es humano y admitirlo, de persona.

El catalán ha tenido salidas de tono en varias ruedas de prensa cuando se presentaba un partido de alta tensión. Lo ha sufrido sobre todo con los enfrentamientos entre el Real Madrid de José Mourinho. ‘’Él es el puto amo, el puto jefe’’. Y también ha tenido sus desvaríos con entrenadores rivales, como el del Copenhague danés. Siempre ha salido al quite y ha acabado admitiendo su error.

También ha tenido que proteger a sus jugadores cuando alguno de estos se ha equivocado. Así sucedió en Vallecas cuando, tras ganar 0-7 en campo ajeno, Daniel Alvés y Thiago Alcántara se pegaron un baile en la banda. ‘’Pido perdón a la afición del Rayo. No son actos propios de un jugador del Barça. No se repetirá’’.

Los sentimientos de los demás, son exactamente iguales que los nuestros. Y es algo que hay que respetar.

Pies en polvorosa ante las descalificaciones.

Prensa de la capital, a la que él llamaba central lechera, ex jugadores a su cargo, y personas con mayor o menor influencia también han malmetido a Pep Guardiola en estos cuatro años.

pep-guardiola-genio-trabajando_2_1130055Quizás lo más sonado puede ser el odio que transmite Zlatan Ibrahimovic cada vez que le provocan mencionando a Josep al compás que un micrófono se acerca a su boca(za). ‘’Guardiola es el filósofo que ha roto mi sueño de estar en Barcelona’’.

Pep, lejos de entrar al trapo en provocaciones e insultos, salió al quite. ‘’Me parece un jugador fantástico y tras conocerlo, aún más. Hizo un año extraordinario y lo jugó todo. Gran parte de esta Liga es gracias a él. Si n o está aquí es por cuestión de feeling, no de calidad futbolística’’.

Así trató de ser con cualquier polémica que se presentase amenazante ante la barricada construida por el catalán para que no afectase a su plantilla. Cuando una relación se termina, siempre es mejor quedarse con los buenos momentos que vivir infeliz por las decepciones.

No todo es fútbol.

Todos recordaran sus declaraciones tras un Villareal – Real Madrid. ‘’No sé lo que pasó. La gente tiene familia, amigos. Hay que hacer otras cosas como ir al cine, no vi el partido, echaban una película por televisión. No todo en la vida es fútbol’’.

Nunca se sabrá si esa afirmación fue cierta. Si vio fútbol o vio una película. Para un apasionado del balón cuesta creerlo. Pero sí que es cierta otra cosa. El que tiene un amigo, tiene un tesoro. Y eso Pep jamás lo desaprovechó. El desgaste que tenía como entrenador culé trataba de solventarlo con su familia y con sus amistades. El fútbol desgasta mucho, y estar en una institución como el Barcelona, mucho más.

Pocos enemigos le conocen, en cambio sí que son de sobra conocidos sus amigos. Relaciones como la que entabló con Tito Vilanova o con Manel Estiarte, ex waterpolista, al que llegó a confiar el cargo de director de Relaciones Externas.

Un amigo nos acompaña en los momentos buenos y malos. En los de plenitud y desengaño. Poder cultivar una amistad te permite poder y saber dirigir. Y eso Guardiola siempre lo cuidó.

Guardiola el líder.

A lo largo de la historia hemos conocido grandes líderes sobre un terreno de juego. Los más entrados en edad recordaran el ‘avanti’ de Franco Baressi que destruía el juego de ataque de cualquier equipo del mundo o la disciplina que instauró Arrigo Sacchi en el Milán. Guardiola era uno de ellos. Y lo era desde su etapa de futbolista.

Enfermo, lesionado, cojo, acompañaba al equipo en los partidos clave. Era el timón del equipo en el centro del campo. Un entrenador dentro del rectángulo de juego. Todo pasaba por él. El fútbol y las quejas.

’El líder soy yo, si me siguen lo conseguiremos. Deben creer en mí…’’

La naturalidad con la que Pep ha ido cumpliendo etapas le ha servido para cultivar esa seguridad en sí mismo. Esa seguridad que posteriormente ha sabido trasladar como nadie a un grupo que ha sentido como propia la filosofía que el entrenador consideraba como suya.

Sólo hay un plan, el A.

Ya lo dijo Tito Vilanova al poco de aterrizar como primer entrenador del Barcelona. El equipo sólo tiene un plan, el plan A. Dani Alves lo refrendó. ‘’Si el plan A falla, habrá que mejorar el plan A’’.

Mentalidad que viene de Pep Guardiola. Nunca renunció a su estilo ni a su identidad. Con partidos mejores o peores, en la victoria o en la derrota, el catalán siempre defendía que lo que queda es ‘’el estilo’’. Y eso nadie se lo podrá quitar.

Cuando su idea fallaba, lejos de buscar una diferente, lo que realizaba era una mejora a la misma idea. Si hay que morir, que sea con las botas puestas. Siempre contra Grouxo Marx. ‘’Esos son mis principios, si no le gustan tengo otros’’. Los principios de Pep permanecieron desde el día A, en la primera derrota contra el Numancia en el primer partido oficial, hasta el día Z, en el que se proclamó campeón de Copa del Rey ante el Athletic de Bilbao. Fiel a sus ideas, se hizo grande en la victoria y se hizo fuerte en la derrota.

Guardiola, lejos de debilitar su fe, logró sobrevivir a celos y críticas, contagiando de esta manea al grupo en busca de un objetivo común, ‘’ser eternos’’.

A ritmo de Cold Play, Pep Guardiola ha dejado un legado en Barcelona. Y a ritmo de Cold Play, el equipo blaugrana espera continuar la senda de éxitos que un buen dia el Pep quiso construir.

Because I came here with a load

And it feel so much lighter

Since I met you

And honey you should know

That I could never go on without you.*

* Porque llegué con este peso, que ahora es más ligero, desde que te conocí, cariño, lo deberías saber, que nunca podría seguir adelante sin ti.

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Categorías:Deportes, Fútbol

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