El único enemigo de Michael Jordan


Todo el mundo aficionado al baloncesto recordará el famoso momento de los playoffs de la NBA de 1998, aquel que enfrentaba a los Chicago Bulls ante los Utah Jazz. Con 5.2 segundos en el cronómetro, Michael Jordan se elevaba para anotar la canasta que a la postre daría el título a la franquicia de Illinois. Podemos catalogar este momento, el famoso “The last Shot”, como el instante que encumbró a Michael Jordan a la cima del baloncesto, trasladándole a un Olimpo donde el trono de Zeus estaba reservado en exclusividad para él.

Aquel momento es seguramente el punto álgido en la vida de “Su Majestad”, cuando más alto voló en el universo del basket. Tras aquello, se retiró de la práctica del baloncesto y se metió  en los despachos, concretamente en los de los Washington Wizards. Sería el director de operaciones, o lo que es lo mismo, el que tomaba las decisiones más importantes en cuanto a la plantilla.

Michael Jordan en el momento bautizado como "The last shot"

Michael Jordan en el momento bautizado como “The last shot”

Y ahí es cuando Michael Jordan se equiparó al resto de los mortales y comenzamos a comprender que él también era humano. Tomó  algunas buenas decisiones de cara al futuro de la franquicia de la capital estadounidense, pero también ejecutó algunas desastrosas consignas. Michael puso los pies en la tierra y usó la primera elección de la primera ronda del draft del 2001 para elegir a un jugador de Instituto, con mucho potencial pero también con todo un mundo por aprender: Kwame Brown.  A día de hoy, sus cotas más altas en la competición son 12 puntos y 8 rebotes de media.

“His Royal Airness”, a pesar de contar con el respeto de todo el mundo NBA, comenzó a ser cuestionado por todo el universo del baloncesto americano, ya que por su categoría todos sus movimientos fueron analizados con lupa.  Tras dos años de vuelta a las canchas y su posterior retirada, volvió a vestir el traje y corbata característicos de los despachos. Pero no duró mucho, ya que en la primavera del 2003 fue despedido de su cargo.

Michael había encontrado en la directiva el enemigo que nunca encontró en las canchas, el defensor que era capaz de batir una y otra vez a Air Jordan. Como cuando abusaba de sus rivales en la pista, Jordan no se achantó por el reto de conseguir llevar al éxito a una franquicia NBA desde el palco, por lo que adquirió en marzo del 2010 los derechos totales del conjunto que más recientemente ha echado a andar en la NBA, los Charlotte Bobcats.  Anteriormente y desde 2006, había ejercido como director de operaciones de la franquicia, haciendo y deshaciendo prácticamente a su antojo la plantilla.

Jordan como directivo de los Charlotte Bobcats

Jordan como directivo de los Charlotte Bobcats

Michael Jordan, como directivo de los Bobcats, nunca supo sacar el máximo provecho de los recursos disponibles en el momento. Tal vez a toro pasado sea mucho más fácil ver y recriminar su trabajo, pero ya en su día fueron criticados duramente movimientos como la venta de Gerald Wallace, Raymond Felton o Boris Diaw, jugadores que habían dado un gran rendimiento a la franquicia (especialmente Wallace, quien a día de hoy es el mejor jugador de la historia del equipo). Movimientos que el año pasado llevaron a los Cats a ostentar el dudoso honor de ser uno de los peores equipos en la historia de la NBA, consiguiendo tan sólo un 10% de victorias en la temporada (acortada por el lockout).

A día de hoy, Michael ha decidido dejarse influir mucho más por otras voces, y así poder decidir con un criterio mucho más amplio de miras. El equipo ha dado un salto cualitativo, igualando las victorias del año pasado y observando como tanto Kemba Walker como Michael Kidd-Gilchrist, sus dos últimas adquisiciones, lideran al conjunto. Unido a ello, un paso atrás del mítico 23, quien aseguró que quería alejarse de los jugadores para que no se sintieran intimidados.

No es para menos, el mejor jugador de la historia del baloncesto mete presión a todo amante de esto con su sola presencia, pero sin embargo hay un enemigo al que nunca le han temblado las piernas cuando se ha tenido que enfrentar a su majestad. De hecho, parece que cuando entra a un despacho de operaciones, al que le tiemblan las piernas es a él. Es lo que consigue su único enemigo.

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Categorías:Baloncesto, Deportes

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