El sentimiento NBA


Para alguien que desconozca la NBA seguramente la competición le parecerá un torneo en el que una mayoría de “Negros Bastante Altos” tratan de meter canastas, muchas veces acompañando el balón a su objetivo con fuerza desmedida y hundiéndolo hasta el fondo sin compasión al aro o a la red. Los que comparten esa acepción, obviarán, ya sea por desconocimiento o desinterés, cientos de pequeñas situaciones que forman un sentimiento común a todos los fans, el sentimiento NBA.

Nunca habrán disfrutado del placer que supone para todo amante del baloncesto el sonido del balón Spalding al entrar limpio por la red, inteligentemente amplificado por la realización de la televisión americana para deleite de los espectadores.

En su vida habrán visto la intensidad física de una liga que muchas veces ha sido tildada de “físico sin talento”, pero que nos ha brindado momentos de auténtica épica entre hombres que llegan a parecer indestructibles.

No conocerán la magia técnica de los mejores, convertida en botes y cambios de mano que ya crean ventaja, maestros en el difícil arte del engaño con balón. Aquellos que  el uno contra uno, simplemente, lo convierten en un uno contra cero.  Hablamos de prestidigitadores como Derrick Rose o John Wall.

Ignorarán la magia en la visión y ese sexto sentido para el pase de jugadores que desde el momento de su nacimiento dieron una asistencia al médico entregándoles el cordón umbilical. Hablamos de gente como Chris Paul o Steve Nash.

Probablemente no hayan visto la plasticidad de esos jugadores cuyas piernas parecen albergar muelles en lugar de gemelos, que se elevan desafiando las leyes de la física para machacar el aro unas veces con suavidad y otras con desmedida brutalidad. Ambas soluciones igual de bellas, llevadas a su máxima expresión por jugadores como el cyborg Blake Griffin o Vince Carter ( el de hace unos años).

Desconocerán lo que es abusar en la pintura, minar la moral de los rivales a base de cazar rebotes y hundir el aro rival sin compasión, haciendo uso y abuso de un físico excesivamente privilegiado para el baloncesto. Hablamos de los pívots dominantes, especie casi en peligro de extinción, pero que tiene en Dwight Howard y Andrew Bynum las crías que salvarán a la camada.

Seguramente ignorarán la tensión de esos partidos igualados hasta el extremo, que llevan a los jugadores a situaciones límite tanto física como mentalmente. Momento en que aparecen los que mantienen la calma y bajan las pulsaciones cuando las del resto son incontrolables, momento en que el balón quema y el cronómetro dobla su velocidad. Hablamos de jugadores como Kobe Bryant o Carmelo Anthony, maestros del denominado clutch time.

En su vida habrán visto las exhibiciones de jugadores que dominan el juego en todas sus vertientes, lo controlan y lo llevan a su territorio, haciendo que este complejo deporte parezca tan simple como respirar. Hablamos de jugadores como Lebron James o Rajon Rondo, capaces de hacer de todo y todo bien.

Serán ajenos al sufrimiento y desesperación de los rivales ante aquellos jugadores capaces de anotar y anotar como si de ello dependiera su vida, que pueden acribillarte tanto bajo el aro como tras la línea de triple y de mil formas posibles, haciendo del partido una batalla entre ellos en solitario contra un equipo. Hablamos de genios anotadores como Kevin Durant o Dirk Nowitzky, gente con una conexión celestial e inagotable con el aro rival.

Ignorarán éstas y otras vicisitudes que hacen de la NBA la máxima expresión del baloncesto, el lugar donde éste adquiere otra dimensión, por donde han pasado las mayores leyendas de este deporte que gana cada vez más y más adeptos. En gran parte gracias a esta competición de titanes, capaces de jugar un mínimo de 82 partidos en 9 meses, circunstancia que puede verse agravada por un lockout como el del año pasado. Todo lo descrito anteriormente forma parte de un sentimiento común a todo amante de esta competición, un sentimiento que aquí en España, nos hace trasnochar y tener el sueño cambiado por ver a nuestros héroes hacer magia y ser testigos directos de ello. Sin duda, sólo la ignorancia a esta competición puede abstener a uno de seguirla. El grito para todos los que compartimos el sentimiento NBA es el mismo: I Love This Game.

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Categorías:Baloncesto, Deportes

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