Una vida en 61 puntos


17 de noviembre del 2002. Un joven del High School de West Forsyth anota 61 puntos, y tras fallar un tiro libre, pide el cambio y se va corriendo en dirección a su padre, con lágrimas inundando sus ojos, para terminar fundiéndose ambos en un sentido abrazo.

Probablemente se pueda pensar que el joven había alcanzado la mayor anotación de su vida, y por ello abandonó el campo presa de una emoción incontenible. Pero el caso es que esos 61 puntos no obedecen más que a una promesa, a un número con un gran significado emocional para ésta futura estrella NBA.

Dos días antes, el 15 de noviembre del 2002, Papa Chilly, sobrenombre por el que era conocido cariñosamente Nathaniel Jones, abuelo del hoy jugador de los Clippers, Chris Paul, fallecía a causa de un atraco a la salida de su gasolinera. El acto fue llevado a cabo por 5 jóvenes de 14-15 años que intentaron llevarse la cartera del anciano, para también llevarse su vida.

Papa Chilly era un hombre muy querido en su zona, entre otras cosas por ser el primer negro del Estado de Carolina del Norte en regentar una gasolinera, en la que habían trabajado el joven Chris y sus hermanos.

Desde la niñez, el abuelo había estado siempre atento de las evoluciones de su talentoso nieto, que crecía en el mundo del baloncesto a pasos agigantados. No se perdía los partidos de Paul y siempre fue el pilar sobre el que se apoyó Chris para alcanzar su sueño de jugar en la NBA.

El sueño no se iba a materializar sin pasar por la universidad, concretamente la de Wake Forest, y ahí estuvo Nathaniel Jones, quien fue el primero en enfundarse la gorra de los Demon Deacons.  Desgracias de la vida, unas 24 horas después ya no podría volver a lucir orgulloso la gorra del equipo de su nieto.

Tras el fatal percance, el día del entierro, Paul estaba totalmente destrozado. Su mentor, su apoyo, su pilar en esta vida se le había marchado. Meditó dejar el baloncesto de por vida, al ver que el principal motivo por el que se dedicaba a ello había dejado de existir. Sin embargo, una pequeña esperanza, un gran reto y una gran hazaña fue puesta en la cabeza del base. Su tía se le acercó y le propuso anotar en el próximo partido un punto por cada año de su abuelo. 61.

17 de noviembre del 2002. West Forsyth contra Parkland High. El número 3 no para de perforar una y otra vez la canasta contraria, hasta alcanzar en el 3er cuarto los 59 puntos. En una entrada a canasta, le hacen un dos más uno. Cae al suelo y la emoción invade su cuerpo. Había alcanzado su propósito, y aún tenía un tiro libre por delante, que falló queriendo.

El resto ya es historia.

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Categorías:Baloncesto, Deportes

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2 respuestas

  1. Gran historia, gracias por compartirla con la gente que no conoce la vida de este enorme jugador. Solo un detalle, CP3 consiguió esta proeza en su etapa de HS en el West Forsyth. Luego pasaría a la NCAA, concretamente a Wake Forest como bien dices en tu artículo. Saludos. KJ

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