Y hablando de periodismo (…)


¿Acaso existe alguien que conozca la literatura y el periodismo que no anhele y haga votos por una época en que la literatura pueda por fin emanciparse de quienes la protegían antes, de quienes la explotan ahora, y de la muchedumbre que, excepto pocas excepciones, la paga en razón directa de su banalidad y de la facilidad con la que se acomoda al mal gusto de la mayoría?

(Kropotkin, 1892)

Recuerdo con claridad mi primer día en la Facultad de Ciencias de la Información, en mi primera clase. Tenía un nudo enorme en la garganta. Vine de lejos en busca del conocimiento y la experiencia, y la ilusión que portaba encima me hacía creer que nada ni nadie podría arrebatarme una sonrisa que me había costado sudor y lágrimas, tras haber pasado varios años hincando codos de biblioteca en biblioteca. En muchos de los casos, estudiando ciencias y temas que para nada me interesaban -lo cierto es que me encuentro en total desacuerdo con el actual sistema educativo, pero de eso ya hablaremos-.

Luego vine (a Madrid) con el principal objeto de conocer y formarme en el Periodismo, porque creía en él. Porque me gusta pensar que la información puede cambiar las cosas. Pero, sobre todo, porque vivía engañado -en base a mi desconocimiento-, y no tenía ni la menor idea de lo que esta bella profesión esconde tras todas y cada una de sus admirables aportaciones al conjunto de la sociedad. La primera frase que pronunció el profesor fue: “Bienvenidos a la cola del paro”.

Si bien es cierto que la actual crisis económica está poniendo en jaque a la mayoría de las profesiones -con excepciones en la política y en las finanzas, por supuesto-, creo que el Periodismo sufre una doble crisis, como mínimo. Desde las facultades se está oyendo a gritos que la ética no solamente está siendo suplantada por el beneficio particular de las pequeñas cúpulas empresariales de los grandes medios de comunicación (el último ERE en El País, por ejemplo), sino que, además, está desapareciendo. Vemos así como las recetas del recorte, propias del sistema neoliberal, no se contentan solamente con echar a la gente a la calle, sino que también dejan a la gente de la calle sin un derecho primordial: el derecho a la información.

El derecho a la información no puede conformarse con cuatro diarios que muy a menudo dicen lo mismo, y que ofrecen la misma perspectiva sobre los mismos temas. El derecho a la información es cosa de enfoques, de pluralidad, de darle a la ciudadanía la capacidad de escoger. Ésa es su libertad. No olvidemos que el Periodismo es un oficio de grandísima necesidad vocacional, y que su mayor función -la de informar- es de una naturaleza puramente social.

A lo que hoy se le está llamando austeridad, es el origen de toda causa. Del mismo modo que están desapareciendo los comercios locales, han desaparecido los periódicos junto con su independencia. Hoy día la información que recibimos procede de grandes estructuras empresariales, que no son tantas, y que conforman el ideario a seguir: una línea editorial prácticamente globalizada. Son las consecuencias que trae a la práctica el libre mercado. En términos generales, podríamos decir que la mano invisible de Adam Smith nos ha cogido a todos y cada uno y nos ha colocado en favor a unos intereses individuales y particulares que nos saben lejanamente ajenos.

Por esto mismo, creo que los periodistas debemos, además de recuperar nuestro puesto de trabajo, recuperar los valores perdidos a causa de un sistema injusto. Por esto creo que el Periodismo debe ser combativo, y mostrarse como un canal para dar voz a quienes necesitan gritar más que nadie. Y por esto mismo creo que ya no somos periodistas frustrados. Somos periodistas cabreados.

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Categorías:Opinión

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2 respuestas

  1. Está claro, no podía ser menos, el periodismo de hoy, es un negocio, y como tal, atiende a unas reglas económicas… pero no deja de ser cierto que en todo negocio, de vez en cuando.. muy de vez en cuando, aparece un idealista y abandona todo sentido económico, actuando bajo las reglas de su propia forma de pensar, sin prestar el mínimo respeto a las lineas que se supone debe seguir, entonces y solo entonces, se produce el milagro de la independencia… No basta con decirlo o gritarlo a los cuatro vientos, lo importante es hacerlo, pero hacerlo de verdad, con convicción y sin titubeos timoratos. Lo que uno piensa no siempre es la verdad, pero por lo menos atiende a tu verdad y eso no se puede comprar…. . .

  2. Muy bueno el artículo, y muy bueno tu comentario también GUS. Es una pena la situación que atraviesa el periodismo y los que intentamos dedicarnos a ello… Pero, poco a poco, esperemos que la nueva generación de periodistas que salimos em manada de las universidades dejemos claro que esto no puede seguir así, y que podemos volver a convertir a esta profesión en un servicio a la sociedad.

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